Ya era hora

Lo hicimos con plena convicción de que Nuevo León no podía aspirar a un modelo moderno de reciclaje y sustentabilidad mientras siguiera negando y criminalizando a quienes, desde la base social, han sostenido durante décadas la recuperación de materiales reciclables en nuestras ciudades.
El reciclaje inclusivo, incluyendo a los pepenadores, no es una ocurrencia reciente ni una moda importada.
Es el reconocimiento de una realidad que ha estado frente a nosotros durante décadas.
En México existen cientos de miles de personas que se dedican a esta actividad.
Para muchas de ellas, la pepena no es una elección, sino su único medio de subsistencia.
La prohibición de la pepena urbana contenida en la ley ambiental estatal y en los reglamentos municipales derivó durante años en la persecución de una actividad que, en los hechos, cumple una función socioambiental esencial.
En un estudio que realizamos en 2016 en el área metropolitana de Monterrey identificamos alrededor de cinco mil pepenadores urbanos, la mayoría personas mayores de 60 años, originarias del Estado, que aun en edad de jubilación no contaban con ingresos suficientes para permanecer inactivos en sus hogares.


