No queremos otro Colosio

Riva Palacio DETONA hoy: Si Xóchitl Gálvez es vista como una enemiga y una amenaza para López Obrador, también lo es para los cárteles de las drogas, bajo la racional de que tus enemigos son los míos.
Por Raymundo Riva Palacio
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Xóchitl Gálvez en Monterrey.

Hay una externalidad en los ataques sistemáticos del presidente Andrés Manuel López Obrador en contra de Xóchitl Gálvez, la aspirante más sólida a la candidatura presidencial de la oposición.

Seguramente ni cuenta se ha dado, dado su interés abierto por descarrilarla, pero debe tener cuidado en cómo lo hace, porque en este momento, aunque con toda seguridad no es lo que pretende, López Obrador está creando las condiciones objetivas para que asesinen a su inesperada adversaria.

El Presidente puede refutar esta proposición, pero es una realidad que está construyendo todos los días.

Gálvez fue convertida en seria aspirante presidencial por el mismo López Obrador, pero ahora necesita descarrilarla antes de que agarre tracción como candidata de la oposición.

El problema no es su estrategia para neutralizarla en el proceso de sucesión, sino el método que está utilizando, que se contamina por el contexto de violencia nacional.

La embestida...

...del Presidente y su maquinaria de propaganda la ha colocado en un lugar que la reconoce como una amenaza real para la perpetuación de López Obrador en el poder, y un reto para Claudia Sheinbaum, o quien se quede con la candidatura presidencial de Morena.

Han ubicado a Gálvez como una candidata que amenaza el verdadero statu quo, el de los cárteles de las drogas, porque la forma como los ha tratado López Obrador les ha permitido aumentar su control territorial, ampliar su base social y realizar su negocio ilegal sin intromisión de la autoridad, con lo cual aumentan sus ventas domésticas, el trasiego de drogas a Estados Unidos, Europa y Asia, y obtienen los recursos suficientes para armarse y seguir extendiendo el dominio territorial en la nación.

Ante esta realidad objetiva, un cambio de gobierno que implique el final de la llamada cuatroté, también significará un ajuste radical a la política de abrazos y no balazos, lo que sería un peligro explícito para los cárteles de la droga en el país y un eventual freno al mangoneo que les ha permitido el gobierno.

Es lógico concluir que si Gálvez es vista como una enemiga y una amenaza para López Obrador, también lo es para los cárteles de las drogas, bajo la racional de tus enemigos son los míos.

Varios columnistas han observado esta vulnerabilidad y sugerido que haya más seguridad para Gálvez.

Incluso ella ha dicho, de manera ingenua, que...

...está reconsiderando transportarse en bicicleta.

Es imperativo que haya protección para la aspirante y cuidarla de absolutamente todo, de un accidente callejero, de uno de esos fanáticos en la calle que le pueda hacer daño porque piensa que así ayudará a López Obrador, o de un atentado de un grupo con fines políticos o del crimen organizado.

No es exagerado plantearlo.

En la medida en que más atacan desde el poder a Gálvez, más condiciones crean para que alguien decida ayudarle al Presidente y sacarla de la competencia.

Si las acciones de López Obrador son reflejo de sus temores políticos, es fácil interpretarlo como un llamado a la acción en contra de Gálvez.

Si al mismo tiempo no pone un freno a la acometida descarnada y desproporcionada, es porque está avalando y autorizando que lo hagan.

Las pruebas abundan.

No son los simpatizantes espontáneos quienes encabezan la arremetida contra la opositora, sino miembros de su círculo político e ideológico más íntimo, los que lo asesoran y ayudan en la estrategia y toma de decisiones, sus propagandistas, los columnistas a sueldo del vocero presidencial, Jesús Ramírez Cuevas –aunque la nómina no está en Palacio Nacional–, y los cuadros políticos que mandan dentro de la estructura de Morena.

ABURTO.

La situación de la que López Obrador es arquitecto es más delicada y peligrosa de la que se vivió desde finales de 1993 hasta el 23 de marzo de 1994, cuando Mario Aburto mató al candidato presidencial del PRI, Luis Donaldo Colosio.

Aburto, hasta donde las pruebas hoy en día muestran, fue un asesino solitario confeso, aunque no deja de ser irónico que el gobierno de López Obrador, por lo que está sucediendo con Gálvez, haya reabierto la investigación del crimen para culpar al expresidente Carlos Salinas.

Esa sospecha fue alimentada por los colosistas que se quedaron huérfanos, de quienes su figura más notable es el gobernador de Sonora, Alfonso Durazo.

Raymundo Riva Palacio
Periodista y analista político de larga trayectoria en México. Escribió en diarios como Excélsior, Reforma, El Independiente, 24 Horas y El Financiero. Fue director editorial de El Universal entre 2007 y 2008. Cofundó y dirigió el diario Milenio y fue director general de la agencia de noticias Notimex.