Nuevo León me duele

En 1962, los neoleoneses marcaron la historia en materia educativa.
Padres de familia, empresarios y ciudadanos en general fueron valientes y capaces de unirse por el bien común y por la defensa de la educación.
Aquella participación ciudadana nos recuerda que, cuando existe voluntad, la sociedad puede organizarse para defender lo que considera fundamental.
Hoy, un discurso matutino que durante más de seis años ha marcado la conversación pública se ha caracterizado, por fomentar la división entre clases sociales.
Bien dice el dicho:
«Divide y vencerás».
No solo carecemos de un medio ambiente sano, de transporte público suficiente, de obras públicas concluidas y de una educación de calidad, también enfrentamos problemas de seguridad y prevención que requieren atención urgente.
Hoy vemos a funcionarios públicos participar en eventos para la fotografía, pero cabe preguntarnos:
¿quién está realizando el trabajo operativo que exige planeación, procedimientos y protocolos para resolver los problemas que afectan a los ciudadanos?
Es increíble el mundo de ficción que nos venden, mientras los hechos nos muestran una realidad triste y preocupante.
- Una vez más, en una secundaria pública del área metropolitana, dos menores de edad resultaron intoxicadas tras consumir una bebida que, según la información difundida, contenía una sustancia ilícita.
Este tipo de hechos debe encender las alertas y llevarnos a cuestionar qué medidas de prevención, supervisión y atención se están implementando en los planteles educativos.
Más inversión en prevención y menos publicidad personalizada es lo que exigimos los ciudadanos.
¡Ya basta!
Nuestros niños y jóvenes no merecen autoridades de puertas cerradas, indiferentes a las necesidades reales de la población y sin disposición para escuchar, servir y trabajar.
Tenemos escuelas sin agua, sin luz, sin suficiente personal y con riesgos cada vez más complejos ante los retos, las conductas y las modas a las que hoy están expuestos los jóvenes.
Es cierto que el primer filtro de prevención está en casa.
Los padres de familia tenemos una responsabilidad irrenunciable.
Sin embargo, absortos en las exigencias del día a día, algunos han delegado casi por completo la educación de sus hijos a las escuelas.
Estas, a su vez, muchas veces se encuentran rebasadas por la sobrepoblación escolar y la excesiva carga administrativa que enfrentan los docentes, condiciones que dificultan el cumplimiento de su labor educativa y formativa.
La responsabilidad debe ser compartida.
Las familias, las escuelas y las autoridades educativas necesitan trabajar coordinadamente, con reglas claras, personal capacitado y protocolos eficaces.


