El asiento vacío

Lo dijo nada sutil, que nuestro país es “el epicentro de la violencia de los cárteles”, calificó de inaceptable que su país comparta una frontera de dos mil millas con territorio bajo control criminal y exigió a México que recupere el control de su suelo.
Y ahí mismo amenazó con usar su poderío militar si llegase a considerar amenazados sus intereses, aunque a la par presumió una muy buena relación con el gobierno mexicano.
El detalle es que el asiento de México estaba ocupado, pero no por quien encabeza el Estado.
Sheinbaum decidió no asistir.
Lo explicó en su conferencia del 23 de septiembre con una frase breve:
“consideré que este no era un momento para asistir”.
Es la segunda vez consecutiva; tampoco fue en 2025.
Y la representación recayó en el canciller Roberto Velasco Álvarez, quien asumió el cargo en abril de este año tras la salida de Juan Ramón de la Fuente.
Conviene decir de entrada lo que matiza el reclamo, pues más de cincuenta jefes de Estado tampoco viajaron, entre ellos Xi Jinping, Vladimir Putin, Friedrich Merz y Giorgia Meloni. Su ausencia, por sí sola, no es noticia.
Lo que la vuelve significativa es quién puede permitírsela.
Xi y Putin tienen asiento permanente con derecho de veto en el Consejo de Seguridad.
No necesitan la tribuna porque ya están en la mesa donde se decide todo.
Pero México no tiene ninguna de las dos cosas y, además, fue señalado con índice de fuego desde el podio, por su principal socio comercial.
Porque esa es la otra mitad del contexto.
La revisión conjunta del T-MEC se celebró en este año y EE. UU. decidió no renovarlo en su forma actual, lo que activó un periodo de revisiones anuales que puede extenderse hasta 2036.
Las conversaciones bilaterales siguen abiertas.
No era un año cualquiera para ceder el micrófono.
Con todo, lo que de verdad se jugaba esa semana en Nueva York no era un intercambio de frases con la Casa Blanca.
Guterres terminará su gestión el 31 de diciembre y su sucesor asumirá el 1 de enero de 2027 por 5 años.
Todo indica que el relevo saldrá de los 33 Estados de América Latina y el Caribe, y que la negociación entró en su fase decisiva precisamente en las reuniones a puerta cerrada de esa semana, esas que, según los diplomáticos, separarían a los verdaderos aspirantes del resto.
En ellas se definía quién conducirá el sistema multilateral -muy convulso- del próximo lustro, y en el turno de nuestra región.
Entonces, el canciller cumplió con el guion.
En su intervención del viernes 25, y de acuerdo con el comunicado de la propia Secretaría, sostuvo que, en el contexto de la renovación de la Secretaría General, “también en Naciones Unidas es tiempo de mujeres”.
Pero lo dijo en la última jornada del debate, por la tarde y ante una sala con escasos delegados.
La agenda estaba escrita.
Lo que faltó fue quién la sostuviera donde se decide y negocia.
En ese mismo discurso, Velasco recordó que los principios de nuestra política exterior están anclados en la Constitución y trascienden al gobierno en turno. Invocó a Juárez, Carranza y Estrada para sostener que el derecho es la única fuerza legítima entre las naciones, y añadió que esa convicción “no admite excepciones ni destinatarios selectivos”.
La frase es exacta, y por eso mismo obliga.
Si los principios trascienden al gobierno, también trascienden la agenda de quien lo encabeza, así la representación exterior no es una preferencia personal, sino una función primaria del Estado mexicano.
Parece que Sheinbaum sí viajará a China en noviembre, a la cumbre de APEC, porque México será anfitrión del foro en 2028.
Nadie discute que ese viaje convenga.
Lo que sí falta explicar es por qué uno convenía y otro no, en un año en que nuestro comercio se negocia bajo revisiones anuales y nuestra región elegía al próximo secretario general.
Una silla vacía quizá no se note en el momento.

