La mordaza en Nicaragua: el plan de Daniel Ortega para asfixiar a la prensa independiente

El régimen autoritario liderado por el dictador Daniel Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, ha establecido un monopolio mediático absoluto.
Mientras el matrimonio presidencial dicta la línea oficial, sus hijos administran el conglomerado familiar que controla la radio, la televisión y los medios digitales del país.
La crisis del periodismo nicaragüense es el resultado de años de acoso, hostigamiento y persecución estatal.
A través de encarcelamientos, despojos de nacionalidad, destierros y severas amenazas, la dictadura logró apagar prácticamente la totalidad de las voces informativas independientes dentro del territorio nacional.
Un cerco legal y judicial
Para institucionalizar la censura, el régimen implementó un marco jurídico punitivo diseñado para criminalizar el ejercicio periodístico:
- Ley Especial de Ciberdelitos: Conocida como la "Ley Bozal", impone penas de hasta 15 años de prisión a cualquier ciudadano o comunicador que difunda lo que el gobierno clasifique de forma arbitraria como "información falsa" o "tergiversada".
- Despojo de la patria potestad y confiscaciones: Decenas de comunicadores no solo han sido obligados a huir del país, sino que han sufrido la confiscación de sus bienes, el congelamiento de sus cuentas bancarias e incluso el despojo formal de su ciudadanía.
"En este preciso momento, el gobierno ha desatado una nueva cacería silenciosa contra los periodistas que todavía resisten dentro de Nicaragua", advierte desde el exilio el periodista Wilfredo Miranda.
La receta autoritaria y el éxodo masivo
Los profesionales de la comunicación que hoy informan desde el destierro señalan que este escenario no ocurrió de la noche a la mañana.
El proceso comenzó con una narrativa de polarización promovida desde el Estado, continuó con agresiones físicas directas y reformas a las leyes de acceso a la información, y culminó con la consolidación de un régimen dictatorial.
En la actualidad, el periodismo nicaragüense se hace casi exclusivamente desde el exterior —principalmente desde Costa Rica, España y Estados Unidos—.


