Pérdida de control

La inflación va para arriba y el gobierno va para abajo.
Puras palabras de autoelogio y comparaciones con otras naciones, no para admitir que han resultado insuficientes los esfuerzos para contener la espiral y ponerse a trabajar en serio, sino para subrayar que en otros países están peor, lo cual es relativo, pero mantienen a la gente entretenida y mirando para otro lado.
Desde mayo, cuando se anunció el plan antiinflacionario, la economía de bolsillo sigue deteriorándose.
En abril, la inflación se ubicaba en 7.68%, y en agosto se había ido a 8.62%, el segundo registro más alto del siglo.
El aumento se debió a la subida de precios en alimentos y energéticos, que supuestamente iban a controlar.
Cuando se anunció el plan, a principios de mayo, el presidente López Obrador afirmó que la inflación afectaba a toda la economía, pero más a la gente con menos recursos.
Frase noble, pero tramposa.
La preocupación central del Presidente no es impedir la carestía de la vida, como describe el fenómeno, sino el impacto que pueda tener en las elecciones del próximo año y neutralizar su campaña de amedrentamiento al PRI, al estar en juego en 2023 las gubernaturas en su poder en el Estado de México y Coahuila.
El plan antiinflacionario tiene como motivación central la política-electoral, y la preocupación del Presidente está aumentando rápidamente.
Durante más de dos semanas el tema de la inflación ha sido motivo de discusión en Palacio Nacional en las reuniones que tiene regularmente el gabinete, que casi nunca se publicitan.


