Planeación estratégica: Gobernar el presente sin hipotecar el futuro

Miguel Botello DETONA® “Un buen gobierno resuelve los problemas de hoy. Un gran gobierno evita que los problemas de mañana lleguen demasiado tarde.”

Por Miguel Botello
Miguel Botello
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En la entrega anterior hablamos del manejo de crisis y de la capacidad que debe tener un gobernante para responder cuando aparecen la incertidumbre, la presión y lo inesperado.

Hoy corresponde analizar la otra cara de esa responsabilidad. Anticiparse.

Porque gobernar no consiste únicamente en reaccionar correctamente cuando aparece un problema.

También significa tener la capacidad de identificarlo antes de que ocurra, entender hacia dónde se dirige una sociedad y tomar decisiones oportunas para prepararla frente a los desafíos que vendrán. 

Eso es planeación estratégica.

Y quizá sea una de las competencias menos visibles para los ciudadanos, porque sus mejores resultados no siempre producen fotografías, inauguraciones o aplausos inmediatos.

Muchas veces ocurre exactamente lo contrario.

Planear significa tomar hoy decisiones cuyos beneficios quizá serán visibles dentro de cinco, diez o veinte años. 

Ahí comienza una de las grandes dificultades del gobierno. 

Los periodos gubernamentales tienen fecha de inicio y de conclusión. 

Los problemas de una sociedad no.

La movilidad no comienza ni termina con una administración.

Tampoco el abastecimiento de agua, la seguridad, la educación, la infraestructura, el desarrollo urbano, la energía, el medio ambiente o la competitividad económica.

Son desafíos que atraviesan gobiernos, partidos y generaciones.

Por eso gobernar con visión estratégica exige algo que políticamente no siempre resulta sencillo: pensar más allá del siguiente proceso electoral.

Un gobernante puede sentirse tentado a concentrar sus esfuerzos en aquello que produce resultados rápidos y visibles.

Es comprensible.

La sociedad exige respuestas y los gobiernos necesitan demostrar avances.

El problema aparece cuando toda una administración comienza a trabajar exclusivamente para el corto plazo.

Entonces las prioridades pueden sustituirse por ocurrencias, los proyectos por anuncios y la planeación por decisiones diseñadas únicamente para generar una percepción inmediata.

Gobernar estratégicamente significa resistir esa tentación.

Significa preguntarse no solamente qué necesita Nuevo León hoy, sino qué necesitará dentro de diez, veinte o treinta años.

  • ¿Cómo crecerá su población?
  • ¿Cuánta agua necesitaremos?
  • ¿Cómo se moverán millones de personas diariamente?
  • ¿Qué infraestructura requerirá la industria?
  • ¿Qué habilidades deberán desarrollar nuestros jóvenes?
  • ¿Y qué decisiones debemos comenzar a tomar desde ahora?

Ésos también son cuestionamientos de gobierno.

Consideremos que el futuro no aparece de repente.

Se va construyendo a partir de las decisiones que tomamos (o dejamos de tomar) en el presente.

Nuevo León ofrece quizá uno de los mejores ejemplos de por qué esta competencia resulta indispensable.

Somos un estado que crece, que atrae población, empresas, inversiones y talento.

Eso representa una enorme fortaleza.

Pero cada nueva inversión, cada desarrollo inmobiliario, cada empleo y cada persona que llega también genera nuevas necesidades de vivienda, agua, energía, movilidad, seguridad, escuelas, hospitales e infraestructura.

El crecimiento sin planeación puede terminar convirtiendo el éxito económico en deterioro de la calidad de vida. 

Por eso no basta con crecer. Hay que saber hacia dónde queremos crecer. 

Y para hacerlo se necesita una visión.

Pero también conviene aclarar algo.

Tener visión no significa simplemente imaginar un futuro deseable.

Eso puede hacerlo cualquiera.

La planeación estratégica comienza cuando esa visión se convierte en objetivos, prioridades, responsables, presupuestos, indicadores y resultados medibles. 

De lo contrario, solamente estaremos hablando de buenos deseos.

Un gobernante con visión estratégica debe ser capaz de responder preguntas muy concretas:

  • ¿Dónde estamos?
  • ¿A dónde queremos llegar?
  • ¿Qué recursos tenemos?
  • ¿Qué debemos hacer primero?
  • ¿Cómo vamos a medir los avances?
  • ¿Y qué tendremos que corregir si los resultados no son los esperados?

Porque planear también significa priorizar. Ningún gobierno dispone de recursos ilimitados. Ni de dinero, ni de tiempo, ni de capacidad institucional.

Una estrategia seria obliga entonces a decidir qué problemas deben atenderse primero, cuáles pueden esperar y qué decisiones pueden producir el mayor impacto para la sociedad.

Pretender hacerlo todo simultáneamente suele terminar en algo mucho más sencillo: No hacer suficientemente bien nada.

Aquí reaparece la importancia de otra competencia que analizamos anteriormente: decidir.

Porque la planeación sin decisiones puede terminar convertida en un documento.

Y las decisiones sin planeación pueden terminar convertidas en improvisación.

Un buen gobierno necesita ambas.

Pero existe otro desafío todavía mayor.

Los proyectos estratégicos de un estado rara vez caben dentro de un solo periodo gubernamental.

Una gran obra de infraestructura, una transformación educativa, una política de movilidad, una estrategia hídrica o la modernización de una ciudad pueden necesitar muchos años para producir resultados.

Eso obliga a entender el gobierno desde una perspectiva distinta.

No todo debe comenzar de cero cada seis años.

Un gobernante responsable debe tener la madurez suficiente para continuar aquello que funciona, corregir lo que puede mejorarse y cancelar solamente aquello que verdaderamente ha demostrado que no sirve.

La continuidad no significa renunciar a una visión propia.

Significa reconocer que el Estado es más importante que cualquier administración.

Cada gobierno debería recibir instituciones, proyectos y capacidades construidas por quienes estuvieron antes, mejorarlas durante su gestión y entregarlas en mejores condiciones a quienes vendrán después.

Eso también es gobernar.

Y quizá ahí encontremos una de las mayores diferencias entre pensar solamente como político y comenzar a pensar como estadista.

El político puede preguntarse qué resultados podrá mostrar durante su administración.

El estadista también se pregunta qué consecuencias tendrán sus decisiones cuando él ya no esté en el cargo.

La planeación estratégica exige precisamente esa capacidad. Mirar más lejos.

Existe además una dimensión que muchas veces olvidamos.

Planear no significa adivinar el futuro.

Nadie puede hacerlo.

Significa prepararse para distintos futuros posibles.

La economía cambia, la tecnología transforma industrias, las ciudades crecen, los patrones de consumo evolucionan, aparecen nuevas amenazas y surgen oportunidades que pocos años antes parecían imposibles.

Por eso una buena estrategia no puede ser rígida.

Debe tener rumbo, pero también capacidad de adaptación.

Un gobierno que cambia permanentemente de dirección termina perdido.

Pero uno que se niega a modificar su estrategia cuando cambia la realidad puede terminar igualmente equivocado.

Miguel Botello
Miguel Horacio Botello Treviño nace en Monterrey, N.L., el 4 de enero de 1967. Obtuvo el título profesional de Licenciado en Economía y el grado de Maestro en Ciencias Administrativas, con especialidad en Finanzas, en el ITESM Campus Monterrey. En la Universidad Autónoma de Nuevo León es pasante de la Maestría en Administración Pública, con especialidad en Finanzas Públicas. Su formación académica se ha complementado con diversos cursos tomados en instituciones especializadas nacionales e internacionales en rubros como Finanzas, Gestión de Calidad, Aplicación de Políticas Públicas, Seguridad en Instituciones Educativas y otros. Trayectoria Profesional: El Mtro. Botello se ha desarrollado profesionalmente los últimos 13 años en la Administración y el Servicio Público, de mayo de 2024 a la fecha como consultor y asesor en asuntos de gobierno, políticas públicas y de relaciones interinstitucionales en los tres niveles de gobierno: Federal, Estatal y Municipal. En el Estado de Nuevo León colaboró de noviembre de 2021 a abril de 2024 como Director de Planeación y Evaluación en el CONALEP en Nuevo León; como Consultor independiente en relaciones con Gobierno de febrero 2020 a octubre de 2021; en el Gobierno Federal de diciembre de 2017 y hasta finales de enero de 2020 colaborando en la Autoridad Federal para el Desarrollo de las Zonas Económicas Especiales/Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec en donde tuvo el cargo de Director General de Permisos, Asignaciones y Autorizaciones; adicionalmente coordinó los esfuerzos en materia de Seguridad Pública por parte de la Autoridad Federal con los tres niveles de gobierno, participando activamente en los grupos de coordinación operativa en los Estados definidos como Zona Económica (Michoacán, Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Veracruz, Tabasco, Campeche y Yucatán). En términos de la coordinación también destaca la activa gestión y negociación con la SEGOB y la SEMAR para lograr consensos que permitieran una mejor distribución de recursos en materia de seguridad para las Zonas Económicas Especiales. Anteriormente, en el período de 2011-2016 colaboró como Secretario Ejecutivo del Sistema Estatal de Seguridad Pública en el Gobierno del Estado de Oaxaca encabezado por el Gobernador Gabino Cué Monteagudo. Entre sus aportaciones destacan: liderazgo y habilidad estratégica en negociaciones de alto nivel en Seguridad Pública, Prevención Social de la Violencia y la Delincuencia, resolución de conflictos, ejecución y seguimiento de acuerdos del Consejo Estatal de Seguridad Pública, coordinación de estudios especializados, supervisión de cumplimiento de protocolos y correcta aplicación de recursos federales para seguridad pública, además de la coadyuvancia con la Auditoría Superior de la Federación. En el ámbito privado cuenta con una amplia trayectoria dentro del medio financiero. Trabajó en Casa de Bolsa Prime, S.A. de C.V., Multivalores S.A. de C.V., Casa de Bolsa y en GBM, Grupo Bursátil Mexicano S.A. de C.V., Casa de Bolsa. Posteriormente ingresó a Impulsora de Servicios Corporativos S.A. de C.V. y fue socio-director en FINEST, Finanzas Estratégicas S.C. Más adelante se desempeñó como director de finanzas y tesorería en Consorcio Inmobiliario Santos S.A. de C.V. y socio en PROFITS Estrategia y Consultoría Internacional. Ha participado en proyectos de seguridad y tecnología en Tabasco y Villahermosa, además de representar en México a Military Spare Parts France. Ha sido miembro del Consejo Consultivo de Desarrollo del Centro Bursátil Monterrey, instructor autorizado por la CNBV, CONSAR y MEXDER, además de catedrático por cerca de 23 años en el ITESM, el Instituto de Especialización para Ejecutivos, la Universidad Mexicana del Noreste y la Universidad de Monterrey. Otras actividades incluyen la presidencia del Consejo Consultivo Ciudadano de Finanzas y Tesorería Municipal de San Pedro Garza García, N.L. (2005-2007), miembro del Consejo Municipal de Desarrollo Social, y parte de la planilla encabezada por Tatiana Clouthier en 2008. En 2010-2011 fue director general de la Fundación Equidad y Progreso en Nuevo León, en apoyo a la candidatura presidencial de Marcelo Ebrard Casaubón. Ha sido analista y comentarista financiero en prensa, radio y televisión: conductor del programa Línea Financiera (TV Azteca), colaborador en MVS Radio, y articulista en El Norte, Reforma, The Dallas Morning News y actualmente en Monitor Político.