
ES CIERTO que no se puede generalizar ni afirmar que la violencia contra candidatos a cargo de elección popular está presente en todos los estados de la República, como si ocurre en Chiapas, Guerrero, Oaxaca y ahora, Guanajuato, pero el asesinato a tiros en su primer día de campaña y en un recorrido por las calles de Celaya, de la candidata morena a alcaldesa, Gisela Gaytán y uno de los regidores integrantes de su planilla, pero, deja en todo México, la sensación de que los malandros quieren poner a sus candidatos e influir y eliminar con “plata o con plomo” a quienes los amenazan...
EN LO QUE va del proceso electoral, que a nivel federal lleva un mes, y apenas un par de días a nivel local, 24 aspirantes a diversos cargos han sido asesinados.
Gisela es la primera en abril. Pero en marzo hubo cuatro casos, dos en Guerrero, y uno en Puebla y Chiapas.
En febrero, fueron cinco los asesinados, uno en Zacatecas, Jalisco, Estado de México y dos en Michoacán.
En enero, fueron seis: Chiapas, Morelos, Colima, Michoacán, Guerrero y Veracruz, con uno cada estado.
Las muertes de aspirantes, empezó en diciembre del año pasado, cuando malandros asesinaron a siete personas de diferentes partidos, quienes se atrevieron a decir en público que buscarían ser candidatos: tres en Guerrero, dos en Michoacán, uno en Puebla y otro en Veracruz...
¿TIERRA de nadie?...
EN EL norte del país, los malandros no matan a los candidatos, pero parece que si financian sus campañas, como recién Código Magenta evidenció con grabaciones que tienen las autoridades gringas de operadores políticos en Coahuila, Tamaulipas y Sinaloa, que confiesan como con maletas llenas de dinero impusieron candidatos no solo a alcaldías, diputaciones y senadurías, sino hasta gobernadores.
Y si bien no asesinan a los políticos, si a sus financiadores, como pasó con un señor de apellido Carmona, asesinado en una barbería en San Pedro, Nuevo León...


