Debemos hacernos cargo de nuestro capital natural
Aunque la zona urbanizada representa apenas una pequeña parte del territorio estatal, depende de ecosistemas mucho más amplios que captan agua, regulan el clima, protegen el suelo y reducen riesgos como inundaciones, sequías y olas de calor.
Por eso, proteger y restaurar nuestro capital natural no es un lujo ni un asunto exclusivamente ambiental: es una obligación económica y social.
Si se deteriora esta infraestructura natural, aumentarán la escasez de agua, los daños por fenómenos extremos y los costos de infraestructura.
En esta administración hemos dado pasos importantes: elaboramos el programa de manejo de la Sierra de Picachos, avanzamos en la protección del territorio estatal, desarrollamos la Estrategia Estatal de Biodiversidad y plantamos más de un millón de árboles nativos.
Ayer, en una mesa de diálogo organizada en el marco de la invitación de EarthX, conversamos sobre la conservación, restauración y el aprovechamiento sostenible de los ecosistemas.
El encuentro permitió destacar que la protección de la naturaleza requiere coordinación entre gobiernos, comunidades, propietarios, especialistas y sectores productivos, así como mecanismos que aseguren recursos para conservar el capital natural del que depende nuestro futuro.
Ahora debemos convertir estos avances en una política permanente, con reglas claras, vigilancia, restauración, coordinación y recursos suficientes.
La conservación no corresponde únicamente a las comunidades rurales o a los propietarios de la tierra.
Quienes vivimos y producimos en la ciudad también debemos contribuir, porque recibimos los beneficios de esos ecosistemas.
El aprovechamiento sostenible, el ecoturismo, el manejo forestal, la agroforestería y los mecanismos de pago por servicios ambientales pueden ser las herramientas para conservar.
Cuando proteger produce beneficios duraderos, se crean incentivos para cuidar el territorio.



