Problema de caja… y de gestión
México tiene un serio problema de flujo de recursos, con un desenlace incierto que camina en medio del fuego.
Es terriblemente paradójica esta situación porque ni hay dificultades con la macroeconomía, ni nos encontramos en una crisis. El problema, quizás el más grande que tiene hoy en día el país, se llama Pemex, un pozo sin fondo donde el presidente Andrés Manuel López Obrador está necio en seguirle inyectando dinero para tratar de recomponer lo que, con su política de los 80 y su financieramente incompetente director, va a ser imposible enderezar.
Peor aún, no es algo lejano que la caja se quede sin dinero.
Los síntomas de la crisis que nos cubre, aunque la mayoría no se dé cuenta, ya llegó.
Brotaron la semana pasada, cuando Pemex incumplió con un pago de mil 200 millones de dólares a Schlumberger, la empresa de servicios y yacimientos petroleros más grande del mundo, que prendió alertas por todos lados.
Fuentes de la industria señalaron que Schlumberger comenzó a vender sus cuentas por cobrar y le informó a Pemex Exploración y Producción que si no pagaba los adeudos de junio a septiembre, iniciaría el paro de operaciones gradual.
La empresa tiene operaciones de las cuales depende más de la mitad de la producción de Pemex, lo que muestra claramente la gravedad de lo que está sucediendo en el sector, con un impacto directo en la producción de petróleo y reservas.
Halliburton, otra de las grandes compañías petroleras del mundo y el segundo acreedor de Pemex, estaba considerando tomar medidas similares a las adoptadas por Schlumberger, porque los compromisos de pagos también se incumplieron.


