¿Qué problemas de salud aumentan cuando hace calor?

Alfonso Martínez Muñoz, Sub Secretario del Medio Ambiente de NL, DETONA®  Todos nosotros y los servicios de salud debemos estar preparados.
 

Por Alfonso Martínez Muñoz
Alfonso Martínez Muñoz
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Con el cambio climático ya sabemos que tendremos cada vez más días extremadamente calurosos, olas de calor más frecuentes y prolongadas, y más noches durante las cuales la temperatura no disminuirá lo suficiente para que el organismo pueda recuperarse.

La respuesta a la pregunta inicial quizá parezca sencilla: 

  • Deshidratación.
  • Agotamiento.
  • Y golpe de calor. 

Sin embargo, una investigación publicada el 26 de agosto de 2026 en la revista científica Science Advances demuestra que las consecuencias son mucho más amplias. 

Durante los días de calor extremo también aumentan las consultas por problemas renales, alteraciones en el equilibrio de líquidos, enfermedades de la piel, lesiones, accidentes y agresiones.

El estudio, titulado Identifying heat-related diagnoses in emergency department visits among adults in Chicago: 

A heat-wide association study, fue realizado por investigadores de la Universidad Northwestern, en Chicago.

Consulte aquí el artículo publicado en Science Advances mediante su DOI oficial.

https://doi.org/10.1126/sciadv.aed3977

Consulte aquí una versión de libre acceso depositada por los autores.

https://arxiv.org/abs/2601.16932

Esta última es una versión preliminar del trabajo, la edición científica definitiva es la publicada en Science Advances.

Los científicos analizaron 916,904 consultas de urgencias y atención inmediata correspondientes a 372,140 adultos atendidos en cuatro sistemas hospitalarios de Chicago durante los meses de mayo a septiembre, entre 2011 y 2023.

En lugar de buscar solamente los diagnósticos que tradicionalmente se relacionan con el calor, examinaron 1,803 códigos de enfermedades, lesiones y otras causas de atención médica. 

Posteriormente, relacionaron la fecha y el domicilio de los pacientes con la temperatura registrada en cada lugar.

Durante el periodo estudiado se presentaron 100 días de calor extremo, definidos como aquellos en los que la temperatura máxima alcanzó o superó los 33.7 grados centígrados.

La investigación identificó 33 diagnósticos asociados con el calor extremo. 

Entre ellos se encontraron la pérdida de líquidos, la insuficiencia renal aguda, el edema, algunos trastornos renales, las erupciones de la piel, las várices en las extremidades inferiores, la esclerosis múltiple y ciertos trastornos mentales y del comportamiento relacionados con el consumo de cannabinoides.

También aumentaron las atenciones por heridas y lesiones superficiales, picaduras de insectos, accidentes de tránsito, agresiones y lesiones relacionadas con armas de fuego.

El hallazgo principal es que el calor puede estar detrás de numerosos problemas de salud, aunque el expediente médico no los registre explícitamente como enfermedades relacionadas con las altas temperaturas.

Esto no significa que el calor haya causado directamente todos esos casos. 

El estudio encontró asociaciones estadísticas, no una relación causal para cada diagnóstico. 

Además, algunos resultados correspondieron a padecimientos poco frecuentes y, por ello, deben interpretarse con cautela.

No obstante, existen mecanismos que ayudan a explicar muchos de los hallazgos. 

El calor provoca sudoración y pérdida de líquidos, puede disminuir la presión arterial, reducir el flujo sanguíneo hacia los riñones y precipitar una insuficiencia renal aguda. 

También puede producir cansancio, irritabilidad, falta de concentración y tiempos de reacción más lentos, condiciones que podrían favorecer accidentes y lesiones.

Pero ¿ocurre lo mismo en México?

En marzo de 2025, Resources for the Future publicó el documento de trabajo Emergency Department Visits and Temperature: 

Evidence from Mexico, elaborado por Luis Sarmiento, Francesco Pietro Colelli y Filippo Pavanello.

Consulte aquí la página oficial del estudio sobre México.

https://www.rff.org/publications/working-papers/emergency-department-visits-and-temperature-evidence-from-mexico/

Consulte aquí el registro alternativo del estudio en IDEAS/RePEc.

https://ideas.repec.org/p/rff/dpaper/dp-25-11.html

Los investigadores analizaron aproximadamente 130 millones de registros individuales de consultas en los servicios de urgencias de los hospitales públicos de México entre 2008 y 2022.

No estudiaron únicamente los casos clasificados oficialmente como golpes de calor, sino todos los motivos por los que las personas acudieron a urgencias.

Comparados con los días cuya temperatura media se encontraba entre 20 y 25 grados centígrados, aquellos con una temperatura media superior a 30 grados registraron un incremento de 3.6 % en las consultas de urgencias durante ese mismo día.

Puede parecer un porcentaje pequeño, pero aplicado a la gran cantidad de personas atendidas en los hospitales públicos del país representa un aumento considerable en la demanda de servicios médicos.

Además, no se trató solamente de personas deshidratadas. 

Durante los días más calientes, las consultas por padecimientos endocrinos y metabólicos aumentaron alrededor de 10.2 %, las relacionadas con enfermedades infecciosas y parasitarias, 8.6 %, y las correspondientes a problemas genitourinarios, entre ellos enfermedades de los riñones y las vías urinarias, aproximadamente 4.8 %.

También aumentaron significativamente las atenciones por trastornos mentales, problemas obstétricos, enfermedades de la piel y del sistema musculoesquelético, así como por lesiones, intoxicaciones y otras causas externas.

La investigación mexicana encontró algo particularmente relevante para nuestro país: 

  • Una parte de las consultas que aumentaron con las altas temperaturas correspondió a dengue, intoxicaciones por alimentos y contacto con insectos, animales venenosos o plantas tóxicas.

El calor no solamente actúa directamente sobre nuestro organismo. 

También modifica los ecosistemas, favorece la reproducción y actividad de algunos vectores, incrementa la interacción entre las personas y ciertos animales, y acelera el deterioro de los alimentos.

Otra conclusión rompe con la idea de que únicamente los adultos mayores se encuentran en peligro. 

En México, los niños y los adolescentes mostraron una sensibilidad especialmente elevada a las variaciones de temperatura.

Los estudios de Chicago y México utilizaron metodologías y umbrales de temperatura diferentes. 

El primero consideró la temperatura máxima diaria y el segundo la temperatura media diaria. Por ello, sus porcentajes no deben compararse directamente.

Sin embargo, ambos llegan a una conclusión común: si contamos únicamente los golpes de calor y las deshidrataciones, estamos subestimando seriamente el daño que las altas temperaturas ocasionan a la salud.

El cambio climático amplificará este problema. 

Si cada día muy caluroso ocasiona más consultas, tener un número creciente de días con temperaturas elevadas significará más personas enfemas a lo largo del año, mayor demanda de ambulancias y servicios de urgencias, más hospitalizaciones y mayores costos para las familias y las instituciones de salud.

Los efectos pueden ser particularmente graves cuando varios días y noches calientes se presentan de manera consecutiva. También pueden aumentar las desigualdades. 

Las personas que trabajan al aire libre, viven en viviendas mal ventiladas o no tienen acceso a sistemas de enfriamiento estarán más expuestas.

A ellas se suman los niños, los adultos mayores, las mujeres embarazadas y quienes padecen enfermedades renales, metabólicas, cardiovasculares o respiratorias.

Por ello, adaptarnos al cambio climático exige preparar nuestros sistemas de salud, establecer alertas tempranas, proteger a quienes trabajan al aire libre y reducir la temperatura de nuestras ciudades y viviendas mediante más sombra, vegetación, techos reflectantes y mejores materiales de construcción.

El calor extremo no es solamente un problema ambiental. 

Es un riesgo creciente para la salud pública.
Alfonso Martínez Muñoz
Es doctor en Ciencias Agrarias por la Universidad de Gotinga, Alemania, y realizó un posdoctorado en el Colegio de Recursos Naturales de la Universidad Estatal de Utah, en Estados Unidos. Cuenta además con una especialización en Gestión Ambiental Urbana e Industrial en Singapur. Ha desarrollado una amplia trayectoria como profesor-investigador, directivo universitario y funcionario público en los ámbitos federal y estatal. Actualmente se desempeña como Subsecretario de la Secretaría de Medio Ambiente del Gobierno de Nuevo León. Participó en el diseño y la creación de la primera Secretaría de Medio Ambiente del estado y, desde su establecimiento, ha contribuido al desarrollo y la implementación de políticas públicas en materia de calidad del aire, acción climática, gestión integral del agua, biodiversidad, economía circular, gestión de residuos y restauración socioambiental.