Psss, psss, Presidente, los gringos le hablan

Raymundo Riva Palacio DETONA: La fantasía de Donald Trump de lanzar misiles a territorio mexicano para acabar con los narcolaboratorios se está convirtiendo en doctrina del Partido Republicano.
Por Raymundo Riva Palacio
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Cortesía The New York Times.

El mismo miércoles que llegó una delegación de alto nivel de Estados Unidos a México encabezada por el secretario de Estado, Antony Blinken, el periódico The New York Times desplegó en su primera plana una inquietante información que titulaba: 

El Partido Republicano respalda la idea de atacar a los cárteles mexicanos. 

Recordaba cuando, a principios de 2020, el entonces presidente Donald Trump dijo en privado que quería disparar misiles a territorio mexicano para destruir los narcolaboratorios y no tuvo consenso.

Pero hoy, agregó, aquella fantasía de la Oficina Oval se está acercando a una especie de doctrina del Partido Republicano.

Hace una semana, en el segundo debate republicano en Los Ángeles, todos los participantes, de una o de otra manera, hablaron sobre planes de intervención militar en México para enfrentar a los cárteles de la droga, reflejando la tracción que está tomando la idea entre el electorado estadounidense.

Una encuesta de Reuters e Ipsos publicada a mediados de septiembre, mostró que 52% de los estadounidenses apoyaba el envío de tropas a México para pelear contra los cárteles, y aun cuando fuera una decisión unilateral, una tercera parte seguía respaldando las acciones punitivas.

De manera reiterada, el presidente López Obrador ha rechazado cualquier intervención militar en México y ridiculiza las iniciativas de ley en el Congreso que buscan darle atribuciones excepcionales al gobierno de Estados Unidos, como un mero asunto de politiquería electoral.

En privado, la postura del Presidente es diferente.

López Obrador ya entendió que no sólo es un tema electoral -que lo es-, sino una corriente de pensamiento que va creciendo en ese país ante la percepción, cada vez más generalizada, de su tolerancia a los cárteles de la droga y la docilidad con la que actúa ante ellos.

Los demócratas no están en la misma línea de intervencionismo militar de los republicanos, pero el gobierno del presidente Joe Biden ya agotó su paciencia con López Obrador, que ha estado recibiendo mensajes cada vez más críticos y abiertos de los departamentos de Estado, Seguridad Territorial, Justicia y la DEA, de que las cosas tienen que cambiar, quiera o no.

La Casa Blanca ha ido endureciendo su posición con hechos, no sólo palabras, y hace dos semanas el Departamento de Seguridad Territorial reveló que iba a desplegar agentes y fiscales en el territorio mexicano para realizar investigaciones de alto nivel contra cárteles mexicanos.

El gobierno mexicano no ha dicho una sola palabra sobre esto y la semana pasada, cuando el corresponsal de N+ en Washington, Ariel Moutsatsos, le preguntó a la canciller Alicia Bárcena si se habían autorizado las visas para esos agentes -salvo el personal de la DEA, ninguna otra agencia está obligada a revelar la verdadera naturaleza de su trabajo en México-, evadió responder.

Fuentes del gobierno de Biden le dijeron a Moutsatsos, sin embargo, que ya se habían recibido 14 visas para su nuevo personal.

La autorización para que agentes estadounidenses trabajen en México sólo se había dado durante los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón.

En aquellas ocasiones fue voluntaria, dentro de los marcos de cooperación, y en ésta, por toda la evidencia que hay, fue contra la voluntad de López Obrador, pero obligado ante la realidad objetiva de que su política de abrazos y no balazos contribuyó al fortalecimiento de los cárteles y su expansión trasnacional.

En su evaluación de riesgos, el Departamento de Seguridad Territorial señaló a los cárteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación, como “los principales contrabandistas de fentanilo” a Estados Unidos, agregando presión al gobierno mexicano.

Raymundo Riva Palacio
Periodista y analista político de larga trayectoria en México. Escribió en diarios como Excélsior, Reforma, El Independiente, 24 Horas y El Financiero. Fue director editorial de El Universal entre 2007 y 2008. Cofundó y dirigió el diario Milenio y fue director general de la agencia de noticias Notimex.