Opinión

Voces en la obscuridad

Gabriel Contreras DETONA® que estos días de apagón y lluvias nos han dado la oportunidad de reencontrarnos con dos factores esenciales que hemos olvidado casi por completo: la obscuridad y la conversación.

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Por Gabriel Contreras
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En otros tiempos, por ejemplo en la primera mitad del Siglo XIX, los pueblos del norte de México se iluminaban a base de lámparas de aceite o simplemente con velas, de modo que la obscuridad era algo muy presente en las casas de Monterrey, Saltillo y Ciudad Victoria, por mencionar algunos pueblos. 

Y como el descanso y el ocio eran habituales a altas horas de la noche, en medio de la obscuridad se imaginaban y se compartían historias de asesinatos, fantasmas y aparecidos. 

Eso era lo normal y era muy apreciado. 

Las historias de fantasmas cundían y los pobladores las compartían con gusto.

Hoy, la obscuridad suele ser evitada y las narraciones nos son contadas por las pantallas, de modo que es difícil reencontrarse con aquella vieja tradición, excepto cuando surge un apagón y reaparece, aunque sea por unas horas, la posibilidad de conversar… 

Ese es un pequeño fruto agradable de los recientes apagones…