Hacer cine como acto de fe

Hacer cine en México no es una vocación; es más bien un acto de fe y, en muchas ocasiones, de terquedad. Año tras año, productores y directores mexicanos tratan de hacer “milagros” con presupuestos limitados, topes en fondos públicos, tiempos de rodaje recortados y con la imposibilidad de recuperar la inversión en taquilla.
La pregunta que todos deberíamos hacernos no es si falta talento, sino más bien, ¿Por qué nuestros cines se han convertido en una franquicia de Hollywood?
Les comparto algunos datos para obtener contexto: En Estados Unidos, su cine doméstico representa cerca del 85% de la taquilla de sus salas, en la India casi el 90%; y en otros países como Francia y Japón al menos el 50%.
¿Saben cuánto representa en México?
En México, el cine nacional apenas logra captar entre el 4% y el 5% de los ingresos totales de taquilla. La abrumadora mayoría de las más de 7,400 salas comerciales del país están acaparadas por las grandes producciones de Hollywood.
Esta alarmante desventaja surge de tratados internacionales mal negociados, sumados a fallas estructurales en la distribución, el financiamiento y la legislación local. Por ello, aunque la nueva Ley Federal de Cine y el Audiovisual representa un avance importante, la realidad es que se queda corta ante la gravedad del problema.
Mientras que Hollywood (Estados Unidos) exporta un modelo cinematográfico global, Bollywood (India) domina su gigantesco mercado interno y Europa protege su cine como patrimonio cultural, México padece de un sistema que asfixia a sus propios creadores.



