Se pudre la ministra

Riva Palacio opina: el daño reputacional que ella quería combatir, está hecho y puede ser irreversible, cualquiera que sea la decisión final de la UNAM.
Por Raymundo Riva Palacio
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Calderón DETONA aquí.

A días de que el Comité de Ética de la UNAM dé a conocer su dictamen sobre quién plagio a quién la tesis de licenciatura, la ministra Yasmín Esquivel cometió un error político al ampararse para impedir que la Universidad hablara públicamente del proceso.

Esto, aunque sus voceros oficiosos traten de matizarlo, es un acto de censura que al mismo tiempo actúa como búmeran, porque la hace ver como culpable del delito.

Esquivel quisiera que nadie hablara de este caso porque afecta su reputación, pero, con lo que hizo, ella mismo le dio el tiro de gracia a su honra.

Desde que el académico y escritor Guillermo Sheridan reveló en diciembre que Esquivel había plagiado la tesis de Édgar Ulises Báez Gutiérrez, la opinión pública y la difundida no dudaron en ningún momento de su culpabilidad.

No era un caso juzgado, ni tampoco claro, pero ella no supo hacer un control de daños.

Incluso, las inconsistencias y mentiras en las que incurrió Báez Gutiérrez –como el que nadie había hablado con él y que, en efecto, había tomado algunas ideas del trabajo de la ministra para su tesis, que presentó un año antes que la ministra– no fueron suficientes para cambiar la percepción.

Buscar un amparo para que la UNAM calle sobre el caso, en manos del Comité de Ética, sólo amplió la idea negativa sobre ella, al hacerla parecer como culpable.

La ministra lo niega. Se amparó, afirma, porque la actuación del Comité de Ética es ilegal y arbitraria, resolución que hoy miércoles se determinará si es definitiva.

Se dice inocente de la acusación de plagio, pero fue criticada por no actuar con ética institucional y retirarse de la Suprema Corte de Justicia mientras se deslindaban responsabilidades.

No pidió licencia, sostiene, porque dice que nunca ha cometido una conducta irregular o una falta de ética.

Entre más trata de salir del pantano, la percepción es que más se hunde.

No han ayudado tampoco las ambigüedades del presidente López Obrador, producto de las contradicciones entre su manejo público y privado, y la creencia de que los señalamientos a Esquivel son ataques contra él.

Empero, desde diciembre, López Obrador consultó a varios miembros de la Suprema Corte para analizar posibles vías para que Esquivel fuera hecha de lado, lo cual no era posible porque no existe ninguna disposición prevista para este tipo de irregularidad.

Mientras eso sucedía, el Presidente la defendía en público y criticaba a la UNAM.

Las auscultaciones sobre cómo deshacerse de la ministra, que se estaba convirtiendo en un problema para el Presidente, continuaron.

Hasta principios de febrero, cuando menos, seguía analizando escenarios que le propusieron para ofrecerle un cargo en la administración pública, a fin de que dejara la Suprema Corte.

No se tomó la decisión, pero el Presidente, mientras todo esto pasaba, se refería a ella y a la ministra Loretta Ortiz –las dos son esposas de viejos colaboradores y amigos de él–, aunque no las mencionaba por nombre, que él había propuesto a la Corte, como ministras leales a su proyecto. Es decir, que votaban a favor de los intereses de López Obrador.

Raymundo Riva Palacio
Periodista y analista político de larga trayectoria en México. Escribió en diarios como Excélsior, Reforma, El Independiente, 24 Horas y El Financiero. Fue director editorial de El Universal entre 2007 y 2008. Cofundó y dirigió el diario Milenio y fue director general de la agencia de noticias Notimex.