Simplemente no entiende

Riva Palacio DETONA®  Parecería que es más importante para Claudia Sheinbaum, estratégicamente hablando, recibir lisonjas en las mañaneras, acusar a Felipe Calderón y a Genaro García Luna de los males endémicos del país e irse de gira.

Por Raymundo Riva Palacio
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Foto tomada de la red
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Claudia Sheinbaum es una presidenta a la que le gusta desperdiciar oportunidades. 

Con una cosmogonía diferente a la de su jefe político, Andrés Manuel López Obrador, se pensaba que ella, verdaderamente de izquierda –aunque dogmática, pero entendedora de cómo funcionaba el mundo–, lo recorrería para vender un país donde podían invertir, pronto mostró lo equivocados que muchos estaban. 

Tiene una visión tan aislacionista como su antecesor, pero, a diferencia de él, no tenía condiciones socioeconómicas tan apremiantes como hoy en día, aquel se encerró del mundo y no pagó mucho. 

Ella le sigue la corriente en un mundo totalmente diferente al de su antecesor, que la hace ver pequeña y torpe en sus decisiones. Además, contradictoria.

Apenas en octubre recibió a 60 directores ejecutivos del Foro Económico Mundial de Davos, representantes de empresas de 17 países, que escucharon qué quería de ellos con el Plan México. 

La escucharon con atención, tomaron nota y la invitaron a la reunión anual en el destino alpino de Davos en los Alpes suizos, que comenzará el próximo lunes. Había anticipado que no iría y el miércoles confirmó que se quedaría en México.

Parecería que es más importante para ella, estratégicamente hablando, recibir lisonjas en las mañaneras, acusar a Felipe Calderón y a Genaro García Luna de los males endémicos del país e irse de gira, que es lo que ha sucedido de manera regular en sus 15 meses y medio de gobierno.

Como representantes del gobierno irán la empresaria Altagracia Gómez, su amiga íntima, que dirige el Plan México, el cual no tiene ninguna representación legal, acompañada de la secretaria del Medio Ambiente, Alicia Bárcena, que participará en mesas donde se hablará de temas que no están en el agenda central de los participantes, convocados para reflexionar, como señala el lema de la reunión, en “El espíritu del diálogo”.

Bárcena acudirá más para cabildear su candidatura a la Secretaría General de las Naciones Unidas –que cada semana se ve más lejos–, y Gómez jugará un papel periférico.

El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, prefirió quedarse en México preparando el relanzamiento de las negociaciones del acuerdo comercial norteamericano, que está respirando con un RCP.

Qué forma de desaprovechar un evento donde la coyuntura, por razones, estas sí estratégicas, recomendaban asistir bajo cualquier supuesto. El presidente Donald Trump viajará con una buena parte de su gabinete, y el presidente colombiano, Gustavo Petro, que se reunirá en febrero con él en la Casa Blanca, decidió viajar a Davos –el año pasado canceló por problemas económicos, que no han cambiado en este año– y tener una primera plática con él frente a frente. 

El darling de Washington, el presidente argentino Javier Milei, incluso dará un discurso especial. En este “momento crucial” para la cooperación global, como señaló el Foro, 65 jefes de Estado y de gobierno, incluidos seis de los líderes del G7, 850 de los principales cabezas de la industria mundial y cerca de tres mil empresarios de 130 países se darán cita en las montañas suizas. Sheinbaum los verá a casi 10 mil kilómetros de distancia.

López Obrador tenía una aversión, quizás reforzada por su monolingüismo, a viajar. 

Ella no tendría ningún pretexto, pero así estamos: en la realidad de una presidenta que quiere abrir el país a la inversión privada extranjera, pero no hace nada por atraerla. 

Davos le representaba una oportunidad dorada para explicar que la reforma al Poder Judicial no generará incertidumbre jurídica y que no teman a expropiaciones o despojos como los hizo López Obrador.

Sheinbaum, una mujer de izquierda auténtica, no como el impostor anterior, tiene un problema de dogma, ser de izquierda no significa pensar que lo de hoy son Marx y Engels, una economía cerrada y la sustitución de importaciones, que es como actúa. 

El modelo económico en el mundo es sólo uno hoy en día: capitalista. Guste o no, eso es lo que mueve a todas las naciones, lo que está a discusión es qué tipo de capitalismo se quiere tener.

El de Estado, como el chino; el corporativo, como los de Japón y Corea del Sur; el de una economía social de mercado, como Alemania y Francia; el liberal, como el que practican Estados Unidos y Reino Unido, o el de alta libertad económica, como Singapur y Hong Kong. 

El capitalismo mexicano, porque eso es lo que tenemos, se parece más al capitalismo de “amigos” de Rusia, que es un sistema híbrido donde los principales beneficiados son, precisamente, los amigos del presidente. 

De ahí parte de las desconfianzas para invertir en México y la percepción de que el régimen obradorista está empapado de corrupción.

Raymundo Riva Palacio
Periodista y analista político de larga trayectoria en México. Escribió en diarios como Excélsior, Reforma, El Independiente, 24 Horas y El Financiero. Fue director editorial de El Universal entre 2007 y 2008. Cofundó y dirigió el diario Milenio y fue director general de la agencia de noticias Notimex.