Viajes y Cultura

Show de supervisión

Por: Edui Tijerina.
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Por ARTE Cultura y Sociedad
Foto tomada de la red.

Entre los estudiosos de la comunicación y, en particular, de la comunicación masiva y sus efectos sobre la conducta, se habla de una amplia variedad de teorías que buscan explicar nuestra relación con los contenidos de medios y la manera en la que reaccionamos a ellos.  

Una de las teorías es la de “Aprendizaje por Observación” que, en pocas palabras señala que el sujeto se conecta al mundo que le rodea mediante supervisar todo cuanto pasa y hacen los demás

Por eso, dichos estudiosos llaman la atención sobre la relevancia de cuidar los contenidos mediáticos, pues los “observadores” pueden reflejar la influencia, dependiendo su perfil, condición mental-emocional y formación académica.

Dependiendo del perfil del observador, de su condición-mental y formación académica
Un mismo contenido puede tener, igualmente, efecto positivo o negativo según se le perciba y asimile

Todos somos fisgones por naturaleza. Tenemos, también, tendencias voyeristas. Si consideramos que el “voyerismo” o “voyeurismo” es una parafilia que consiste en atracción incontrolable por la observación de otro u otros en situaciones de carácter privado, incluyendo violentas y/o sexuales, podremos ir entendiendo el por qué los programas televisivos (o contenidos de redes) en los que se invade la privacidad y revisan las reacciones de terceros ante situaciones límite, se encumbraron desde que el formato “Show de Supervisión” (referido en esta sección, cuando traté la “Tele-Realidad”) se estableció como uno de los favoritos de las audiencias.

 

Durante los últimos meses han destacado en listas de niveles de audiencia las variantes del ya clásico “Big Brother”. Ustedes conocen la estructura y reglas de esta emisión: Un grupo de desconocidos (eventualmente se producen emisiones dedicadas a figuras públicas) encerrados en un espacio por varias semanas y enfrentando conflictos que los llevan a reacciones extremas, aderezadas con el estado anímico producido por el aislamiento y la convivencia con otros de ideas y personalidades contrastantes. 

Así, con esta combinación de ingredientes, se producen encuentros y desencuentros que captan y mantienen la atención del público que, seguramente, llega a preguntarse “¿qué hago viendo a esta gente peleándose todo el tiempo?” y, sin embargo, le resulta difícil despegarse de la pantalla.