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Sin embargo, a veces la necesidad es (tenía que ocurrir) un imperativo y la idea de tumbarse en la arena sale ganando.
Dios bendito, no es que la agenda desaparezca, nada de eso (ahí está el WhatsApp, los archivos a medio, ese libro que es apenas una idea que se discute por teléfono) pero tomarse un café helado, con calma y cerca del mar, no le hace daño a nadie.



