Xóchitl Gálvez

Hace escasos días, esta última anunció su interés por competir por la Presidencia de la República, decisión que cambió el escenario político.
Con el feliz arribo de Xóchitl a la precampaña ya no se podrá hablar de una caballada escuálida ni habría espacio para Ebrard en la alianza opositora.
Sí, ella está sola, pero tiene carisma, es magnética, posee una nutrida propuesta moderna, cuenta con una contagiosa fortaleza anímica, se graduó en la UNAM como ingeniera, gracias a los programas sociales del gobierno federal.
¿Más? ¡Sí! Vendía descalza gelatinas en las calles, ¿cuál fifí?
¿Podrá reunir 500 mil firmas, tener el mínimo requerido de conocimiento social y de intención de voto en un cortísimo plazo?
No se ve fácil, pero supongamos que:
- Librara las zancadillas.
- Satisficiera las reglas.
- Y que su poder de convocatoria superara las mezquindades y envidias políticas, objetivos complejos de superar, mas no imposibles.
- La dejaran pasar, para ser postulada como candidata de la oposición.
Pues bien, en dicho evento, todavía tendría que luchar contra Sheinbaum o Ebrard, contrincantes que financiarían sus campañas ilegalmente con el ahorro público, sobornando y amenazando al electorado al envenenar la contienda electoral con consultas espurias violando impunemente la legislación, como aconteció en el Estado de México, una realidad de la que se debe aprender...
El reto de Xóchitl requerirá de 25 millones de firmas para ganar. ¿Imposible...?
- Xóchitl es mujer.
- Experta en robótica.
- En sustentabilidad.
- Una empresaria exitosa.
- Defensora de los pueblos indígenas.
- De incuestionable reputación.

