Adiós, Paco Tijerina

Incluso, bromeamos sobre la muerte, como todos los mexicanos.
Conozco a Paco, somos amigos, pero Eloy es muchísimo más cercano.
Me contó que, hace un par de días, en un momento de plena lucidez y fraternidad, Paco lo llamó para despedirse, porque ya sabía que se iba.
Ambos se burlaron de la muerte, esa que no juega, aunque ellos sí jugaron con ella, con las palabras, las ideas y la literatura, como siempre lo habían hecho.
Y se dijeron adiós.
No supe qué responder ante aquello, pero le compartí que un amigo de la universidad, Manuel Yarto —también conocido de Eloy—, me llamó antes de morir para avisarme que se marchaba.
Tampoco entonces supe qué decirle, y lo primero que se me ocurrió fue: "Prométeme que, si hay algo más allá, me lo harás saber, Manuel".
Y me lo prometió, solemnemente.
No recuerdo cómo conocí a Paco; solo sé que fue hace décadas.
Monterrey es un pañuelo y todos los que estamos relacionados con los medios de comunicación, tarde o temprano, acabamos cruzándonos.
Paco fue un hombre intelectualmente intenso, defensor de causas justas, analista político y, también debo subrayarlo, un hombre de familia.
- Todo se sabe en este terruño.
- Honor a quien honor merece.
Sé que el doctor Óscar Vidal, director del Hospital Universitario —hombre de ciencia, sensible y siempre dispuesto a ayudar—, estuvo al tanto, en los últimos meses, de la salud de nuestro querido Paco.
Mis respetos.



