
Les platico:
Mis amigos de la CDMX esbozaron una enigmática sonrisa cuando les respondí por qué me regresé el viernes a Monterrey en pleno fin de semana del Gran Premio Fórmula 1 de México, sabiendo mi gran afición por el deporte motor:
“Es que voy al 2o informe de gobierno de Samuel García”, les dije, devolviéndoles la cortesía de su diplomática pregunta.
Felizmente, el oficio periodístico tiene sus formas para “cubrir” un evento de “semejante magnitud” sin que uno tenga qué hacerse visible, y menos ahora que traigo a varios “francotiradores” a los que respetuosamente les pido que compren su boleto y se formen en la fila, porque hay varios delante de ellos.
En realidad sí quería ir.
Dejo a mis lectores sus elucubraciones sobre mis motivaciones…
El asunto es que por pudor no fui y fue la misma razón que tuve para desatender la invitación de Miguel Treviño de Hoyos a su informe en San Pedro Garza García.
Mi equipo en Detona cubrió lo que sucedió en el evento de Samuel, tardío y fuera de protocolo, porque andaba en Asia buscando que el farshoring se vuelva near...
Conste, escribo este artículo sin haber leído, visto ni escuchado nada sobre el mentado informe y menos la transmisión urbi et orbi que los panegíricos del gobierno de NL pregonaron ayer desde estas bárbaras comarcas del norte. ¡Arre!
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- Alguien de su equipo cercano -no un sencillito maestro de ceremonias, qué esperanzas y cómo creen- debe de haber arrancado el evento presumiendo la laaaarga lista de chipocludos que ahí anduvieron.
- Seguro mencionaron hasta a los monjes de clausura, que por andar en el argüende dejaron sin ostia a los novicios y santones que esperaban el sagrado momento de la Eucaristía en la misa de 12, porque el informe fue a las 11.
- Espero que no hayan dado espacio para que los invitados especiales se levantaran de sus asientos a agradecer los aplausos con mano en pecho, porque de haber sido así, a estas horas de la madrugada del domingo todavía estarían transmitiendo en vivo el informe.


