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PRESIONA YEscucha
La poco creíble versión de que se refugia para producir historia, o la del demócrata que se guarda para no perturbar a la Presidenta, parecen poseer hoy todavía menos lógica, fuerza y fuelle que hace dos años.
A ello deben agregarse el rastro calamitoso de su hijo Andrés Manuel; el desfondamiento de Adán Augusto; los descubrimientos sobre la multiplicación del contrabando de hidrocarburos en sus tiempos; la desilusión causada, una por una, por sus “grandes obras”; las burlas de Dinamarca y la megafarmacia; y las acciones del nuevo gobierno que prueban cómo, parapetado tras el desalmado “abrazos, no balazos”, dejó a millones de mexicanos a merced de los criminales.
Sus promotores dirán que mantiene buenos números en las encuestas, y es cierto.
Quizá porque, escondido, no corre más riesgos de imagen en la intemperie: un ídolo de invernadero. Dos años después, sólo mantengo la pregunta: de no encerrarse, ¿en dónde podría aparecer?
- ¿En un hotel de Cancún o Vallarta?
- ¿En un vuelo comercial doméstico?
- ¿En un restaurante barato o caro?
- ¿En una librería de Guadalajara o Coyoacán?
- ¿En el estadio de beisbol de Monterrey?
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