
A todas las víctimas de este gobierno.
El sexenio de la muerte y la enfermedad.
Como tanto ambicionó, López Obrador hizo historia.
Solo entre muertos excesivos por Covid y homicidios dolosos, en su gobierno habrá acumulado un millón de muertos.
Su tan cacareada 4T tuvo, como la Independencia, Reforma y Revolución, fallecidos en abundancia, con la diferencia de que las anteriores fueron guerras.
Un millón de cadáveres de bebés, niños, jóvenes, adultos y ancianos.
Si estuvieran colocados en línea, el tabasqueño podría salir de Palacio Nacional y caminar sobre ellos sin tocar el suelo hasta llegar a su hacienda de Palenque y seguir pisando carne y huesos hasta la frontera sur, cruzar Guatemala y continuar hasta El Salvador.
El dolor ajeno le es por completo ajeno a AMLO.
Hay que tener un grado de sociopatía digno de estudio para que a una persona le interese más refinar petróleo o construir un tren que proveer medicamentos oncológicos a niños, comida a pobres por medio de comedores comunitarios o estancias infantiles para que madres puedan estudiar o trabajar.
Solo quien tiene una dura coraza ante el dolor puede plantarse ante la nación y reírse de las masacres que están aterrorizando a la población mientras que, en cambio, tiende la mano y ofrece abrazos a las mafias criminales. Un abrazo y consuelo que siempre rehusó, en cambio, a las madres buscadoras.

