ADVERTENCIA: Si no deseas ver fotos espectaculares de las cumbres más elevadas de México ni conocer la historia detrás de Anastasia, bríncate hasta el CAJÓN DE SASTRE. Es que hoy no escribiré de política. Y si quieres ver las fotos en todo su esplendor, hazlo en una laptop o de perdido, en una tablet.
Les platico: yo quería ponerle por nombre, Anastasia, pero no me dejaron; se la encomendaron a la Virgen y terminó llamándose como ella, para agradecerle por siempre a esa deidad haber sobrevivido a la forma tan inusual en que llegó a este mundo hace un poquito más de 30 años.
Fue mi única hija entre tres varones, y ahora que cumplió otro año más le volví a escribir, me leyó… pero tampoco me contestó.
Hace como tres años se mudó al viejo o al otro mundo, pero no al de los muertos, sino al que en mis tiempos se le llamaba así, Europa.
Y así, hizo honor al significado en griego del nombre que yo quería ponerle: renació, porque Anastasia, en griego significa Resurrección.
Después de haber logrado su 1a especialidad en Medicina, se fue al viejo mundo a conseguir su 2a y terminó casándose allá con un austriaco. Viven muy felices en la cuna del vals.
Ni despedirla pude y siempre que de ella me acuerdo, viaja mi memoria hasta el segundo portillo de la ruta de los pies de la Mujer Dormida, el Iztaccíhuatl.
Allá, a poco más de 4,000 metros de altitud, está empotrada a una roca, la caja azul de Stacy, que también significa Anastasia.

