En diversos grupos de chat la política se ha intensificado, sólo en los grupos porque en el activismo real pareciera que duermen el sueño de los justos.
El común denominador que he encontrado en esos grupos es que los más intolerantes e iracundos son los fifís, los que coinciden o participan en el proyecto del PRIAN y el frente que conforman.
Pensar diferente a ellos representa ser centro de sus ataques personalizados. De la búsqueda en el descrédito al interlocutor.
Años atrás, con el triunfo de la 4T, los radicales, intolerantes, los rabiosos eran los denominados chairos, los que atacaban a las personas y no a las ideas, los que se asumían poseedores de la verdad y el gran proyecto transformador.
Eso sucede hoy, pero con muchos de los simpatizantes de Xóchitl Gálvez.
Algunos disfrazados de analistas, otros de sociedad civil, unos más de profesionistas ecuánimes, pero todos en el mismo tenor, buscan la personalización del debate sobre la discusión de las ideas.
Recientemente alguien con ropaje de periodista me cuestiona con preguntas de militante del proyecto en el frente opositor.
Me cuestiona porqué definí, hace más de cuatro o cinco meses, como “hueca” la propuesta de la aspirante surgida desde el PAN; la respuesta es sencilla, porque es más populismo igual al que tenemos y sin aportes de fondo a los temas torales del país.


