Aprender a conversar

La capacidad de entablar conversaciones entre oponentes es esencial para la preservación de los principios democráticos de una nación.
En los tiempos de la polarización, los adversarios políticos tienen que aprender a conversar.
Muchos mexicanos se sienten heridos e insatisfechos porque todos los días son testigos de acaloradas discusiones que no son productivas.
En la medida en que avance el año, las cosas se pondrán más difíciles.
Cuando se manejan adecuadamente, los desacuerdos podrían conducir a mejores resultados.
Pero, por lo general, no se ve así.
No nos comunicamos de manera efectiva.
Eso alimenta el conflicto y daña las relaciones interpersonales.
- ¿Es posible tener una conversación política constructiva en una sociedad polarizada?
- ¿Podemos abandonar el mundo del cinismo para entrar a la era de la esperanza? Sí.
A pesar de las emociones intensificadas y posiciones arraigadas, existen estrategias que pueden ayudar a fomentar un diálogo constructivo:
- Escuchar activamente las perspectivas de los demás. Prestar atención para comprender sus puntos de vista sin interrupción y mostrar empatía hacia sus preocupaciones y experiencias. Esto demuestra respeto y ayuda a crear una atmósfera de comunicación abierta.
- Usar lenguaje y tono respetuosos en las conversaciones políticas. Evitar ataques personales o despectivos permite un intercambio de ideas más constructivo. Concentrarse en abordar los argumentos y las posiciones en lugar de atacar a las personas mismas.
- Identificar áreas de acuerdo o valores compartidos puede ser una forma efectiva de establecer una relación y un terreno común. Esto puede ayudar a crear la base para una conversación y colaboración constructivas, incluso en medio de desacuerdos sobre otros temas.
- Fomentar el diálogo haciendo preguntas abiertas permite a los oponentes articular sus puntos de vista y proporcionar una visión más profunda de sus perspectivas. Esto promueve la comprensión y brinda una oportunidad para el intercambio de ideas sin confrontaciones.
- Fincar los argumentos en pruebas y hechos en lugar de únicamente en opiniones o emociones personales. Fomentar el uso de fuentes confiables, datos y evidencia ayuda a una discusión más informada y sustantiva.
- Reconocer y manejar las emociones que desempeñan un papel importante en la configuración de las creencias y acciones de las personas. El manejo responsable de las emociones ayuda a crear un entorno más propicio para el diálogo constructivo.
- Ser consciente de los sesgos cognitivos, como el sesgo de confirmación y el razonamiento motivado y mantener una mente más abierta. Esto puede mitigar malas influencias y facilitar un intercambio de ideas más objetivo y reflexivo.
- Establecer expectativas realistas. Cambiar las creencias profundamente arraigadas de alguien no sucederá de inmediato, o no ocurrirá en absoluto. El objetivo debe ser fomentar la comprensión, encontrar puntos en común y promover un compromiso respetuoso.
En la edición del 10 de mayo pasado, Harvard Business Review publicó un artículo muy interesante sobre “Cómo estar en desacuerdo productivamente”. Lo escribieron Hanne K. Collins, Charles A. Dorison, Francesca Gino y Julia A. Minson.
La idea central es que los desacuerdos no tienen que ser destructivos.
Pueden ser oportunidades para generar mejores ideas.
Pero manejar conversaciones con alguien con un punto de vista conflictivo no es nada fácil.
Los autores identifican tres recomendaciones:
1. Concéntrese en lo que tiene que aprender.
- Las personas suelen entrar en desacuerdos porque sólo tienen la intención de probar que su punto de vista es el correcto y persuadir a la otra parte.
- Quieren demostrar que ellos tienen la razón y los demás están equivocados.
- Y están listos para pelear. Aunque éste es un enfoque común, no produce los resultados que la gente espera.
- Cuando las personas abordan los conflictos con voluntad de aprender, les va mejor.
2. No subestime el interés de los demás por aprender de usted.
La forma en que las personas experimentan el conflicto se ve muy afectada por sus percepciones de los pensamientos y sentimientos de la otra parte.
Pueden entrar en una conversación sintiéndose inquisitivos y humildes, pero salir furiosos si no sienten que su contraparte está correspondiendo.
El problema es que las personas tienden a malinterpretar las intenciones de aquéllos con quienes no están de acuerdo. Algunos están más dispuestos que su interlocutor a conocer la perspectiva de la otra parte durante una conversación conflictiva.


