El arte de saber retirarse del poder

Javier Treviño DETONA®  Reflexiona sobre el arte de saber retirarse del poder. Y destaca a los líderes más admirados de la historia política moderna por la forma en que dejaron su liderazgo.

Por Javier Treviño Cantú
Javier Treviño - avatar
Foto tomada de la red
PRESIONA YEscucha

En política se habla mucho del arte de conquistar el poder. 

Se escriben libros sobre campañas electorales, liderazgo carismático, estrategias para ganar elecciones y construir coaliciones. 

Pero hay un aspecto del liderazgo político que recibe mucha menos atención, aunque es igualmente decisivo para la salud de una democracia: 

El arte de saber retirarse del poder.

En una república, gobernar es siempre una responsabilidad temporal. 

El poder no se posee, se administra por un periodo limitado, y cuando ese periodo termina, el deber democrático exige algo que a veces resulta más difícil que ganar una elección: 

  • Dar un paso atrás y permitir que otros gobiernen.

A lo largo de la historia moderna, algunos de los líderes más influyentes han entendido esta lección con claridad. 

Sus palabras y decisiones ofrecen un recordatorio oportuno en momentos en los que muchos exmandatarios —en distintas partes del mundo— sienten la tentación de seguir interviniendo en la política activa, como si el país siguiera orbitando alrededor de su figura.

La democracia, sin embargo, exige algo distinto, instituciones más fuertes que los individuos.

La lección fundacional de George Washington

Quizá el ejemplo más poderoso de esta idea lo dio George Washington, el primer presidente de Estados Unidos, al terminar su segundo mandato en 1796, Washington era el líder más respetado del nuevo país.

Podría haber permanecido en el poder sin dificultad, de hecho, algunos de sus contemporáneos lo veían casi como una figura monárquica, sin embargo, decidió retirarse voluntariamente.

En su célebre “Farewell Address”, Washington explicó por qué el poder debía ser temporal en una república. 

Advertía que el espíritu de ambición personal podía corroer las instituciones si los líderes se aferraban a la influencia política más allá de su mandato.

Más que un discurso, su decisión fue un acto pedagógico para la democracia, Washington entendió que el precedente institucional era más importante que su propia influencia. 

Durante casi dos siglos, ese gesto estableció una norma no escrita en la política estadounidense: los presidentes gobiernan y luego se retiran.

El historiador Joseph Ellis ha señalado que ese momento fue uno de los actos de liderazgo más importantes en la historia moderna. 

Washington demostró que el poder democrático se fortalece cuando quien lo ejerce sabe renunciar a él.

La advertencia de Eisenhower

Otro ejemplo relevante llegó en 1961, cuando Dwight D. Eisenhower pronunció su discurso de despedida como presidente de Estados Unidos.

El discurso es recordado principalmente por su advertencia sobre el “complejo militar-industrial”, pero también refleja una idea más amplia: 

  • La responsabilidad que tiene un líder al abandonar el poder.

Eisenhower no intentó convertirse en una figura política permanente ni dirigir la agenda del país desde las sombras. 

Por el contrario, habló con la serenidad de quien sabe que la democracia exige renovación. 

Su mensaje era claro: el futuro debía quedar en manos de nuevos líderes y nuevas generaciones.

En su discurso subrayó la importancia de actuar con responsabilidad pensando en el largo plazo:

“Debemos evitar la tentación de vivir solo para el presente, agotando para nuestra comodidad los recursos del mañana”

El tono del mensaje era el de un estadista que se despide, no el de un político que busca seguir dirigiendo el rumbo nacional.

Mandela y la grandeza de renunciar

Si hay un ejemplo moderno de grandeza política asociada al retiro voluntario del poder, es el de Nelson Mandela

Después de liderar la transición democrática en Sudáfrica y convertirse en su primer presidente elegido libremente, Mandela gozaba de una legitimidad moral extraordinaria.

Pocos líderes en la historia han tenido una autoridad política comparable.

Sin embargo, decidió no buscar un segundo mandato, su razonamiento era sencillo pero profundo, las democracias necesitan renovación

El liderazgo no debe convertirse en una dependencia permanente de una figura histórica.

Mandela solía decir que había llegado el momento de que “nuevas manos levantaran las responsabilidades del liderazgo”. 

Con esa decisión fortaleció algo más importante que su propia popularidad: 

  • La credibilidad de las instituciones democráticas sudafricanas.

En lugar de perpetuarse en el poder, eligió convertirse en un referente moral y en un símbolo de reconciliación nacional.

El poder no es propiedad personal

El dramaturgo, escritor y presidente checo Václav Havel también reflexionó sobre los límites del poder político. 

Después de encabezar la transición democrática en Checoslovaquia tras el colapso del comunismo, Havel insistía en que el poder debía entenderse como una responsabilidad moral y no como una posesión personal.

En varios ensayos y conferencias advirtió sobre el peligro de que los líderes se identifiquen demasiado con el poder que ejercen, cuando eso ocurre —decía— la política deja de ser un servicio público y se convierte en una lucha por conservar influencia.

Havel creía que una democracia sana requiere que los exmandatarios adopten un papel distinto: 

  • El de consejeros morales o figuras intelectuales, no el de operadores políticos permanentes, la diferencia puede parecer sutil, pero es fundamental.

Una cosa es aportar una reflexión pública ocasional, otra muy distinta es intentar dirigir la política desde la retaguardia, interferir en la acción del gobierno o construir facciones que respondan a una figura del pasado.

Saber cuándo retirarse

El expresidente del gobierno español Felipe González ha resumido esta idea con una frase simple pero contundente:

 “El poder no debe ejercerse con nostalgia”.

Cuando los exgobernantes intentan mantener el control político después de haber dejado el cargo, suelen producir tres efectos negativos:

  • Primero, debilitan el liderazgo de quienes fueron elegidos para gobernar, la sombra de un exmandatario poderoso puede generar confusión institucional y conflictos dentro del propio sistema político.
  • Segundo, alimentan la polarización política, cuando un líder del pasado sigue actuando como protagonista, el debate público tiende a girar alrededor de su figura, en lugar de centrarse en las decisiones del gobierno en turno.
  • Y tercero, frenan la renovación generacional que toda democracia necesita.

Las democracias maduras no solo se distinguen por elecciones libres, sino también por la capacidad de sus líderes para aceptar la alternancia y la transición.

Javier Treviño Cantú
Javier Treviño es Vice Presidente de Walmart para México y Centroamérica. Fue Director General Ejecutivo del Consejo Coordinador Empresarial, CCE. Además es Fundador y Presidente de la consultoría Javier Treviño y Asociados. Es Licenciado en Relaciones Internacionales por El Colegio de México y Maestro en Políticas Públicas por la Escuela Kennedy de Gobierno de la Universidad de Harvard. En el Gobierno Federal, se desempeñó como Subsecretario de Educación Básica; Subsecretario de Planeación y Evaluación de Políticas Educativas; Oficial Mayor de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público; Subsecretario de Cooperación Internacional de la Secretaría de Relaciones Exteriores; y Ministro de Información y Vocero en la Embajada de México en los Estados Unidos durante las negociaciones del Tratado de Libre Comercio. Javier Treviño fue Asesor del Secretario de Desarrollo Social Luis Donaldo Colosio; Secretario General de Gobierno de Nuevo León y Diputado Federal por Nuevo León. En el sector privado, fue Vicepresidente Senior de Comunicación y Asuntos Corporativos de CEMEX. Fue miembro fundador y Vicepresidente del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales. Es miembro del Consejo de la Fundación de El Colegio de México. Es miembro fundador del Consejo Asesor del Mexico Institute del Woodrow Wilson Center. Es miembro del Consejo del Center for U.S.-Mexican Studies de la Universidad de California, San Diego. Y ha sido miembro de los consejos de la Fundación para las Américas de la OEA y del North American Center de Arizona State University.