Balazos, no abrazos

Lo que ocurrió después de su muerte no fue una reacción marginal.
Fue una exhibición de fuerza, carreteras bloqueadas, vehículos incendiados, ciudades paralizadas, escuelas cerradas, familias encerradas en casa por miedo.
En cuestión de horas, la estructura criminal demostró que no dependía de un solo hombre, sino de una maquinaria territorial, financiera y operativa capaz de alterar la vida pública de amplias regiones del país.
Y ahí comienza la parte incómoda.
Lo que Trump decía… y lo que vimos
Durante meses, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, repitió una frase que generó indignación diplomática en México, el 18 de febrero de 2025 declaró:
- “Mexico is, in large part, controlled by the cartels.”
Al día siguiente reforzó:
- “Mexico is governed to a large extent by the cartels.”
En julio insistió:
- “The cartels have a very strong hold over Mexico.”
Muchos desestimaron esas declaraciones como retórica electoral, exageración política o presión estratégica, y ciertamente lo eran, en parte.
Pero lo ocurrido tras la muerte del líder del CJNG obliga a una reflexión más fría: cuando una organización criminal puede paralizar regiones enteras en cuestión de horas, el diagnóstico deja de ser mera narrativa.
La mala noticia es que Trump lo decía con tono de campaña. La incómoda noticia es que los hechos nos obligan a aceptar cuánto había de realidad estructural en su afirmación.
De los abrazos a los balazos
Durante años, la estrategia de seguridad federal se construyó sobre una narrativa distinta: atender las causas sociales antes que confrontar frontalmente.
“Abrazos, no balazos” se convirtió en símbolo discursivo de una política que buscaba reducir violencia atacando sus raíces estructurales.
Ese enfoque no era irracional.
La pobreza, la desigualdad y la exclusión alimentan el reclutamiento criminal, pero la experiencia demuestra que el crimen organizado contemporáneo no es solo marginalidad armada:
Es empresa criminal compleja con inteligencia financiera, redes internacionales, estructuras de lavado, tecnología y capacidad de fuego.
La eliminación del líder del CJNG marca un giro simbólico, el Estado decidió ejercer fuerza directa contra el objetivo principal.
Balazos, no abrazos.
No como eslogan simplista, sino como reconocimiento de que el monopolio legítimo de la violencia no puede compartirse.
Celebrar no es suficiente
La tentación inmediata es celebrar.
Pero el pueblo de México no debe celebrar solamente esta acción, por el contrario, debemos reclamar, cuestionar y reflexionar por qué no se hizo antes.
- ¿Por qué la decisión tardó años?
- ¿Por qué la decisión llegó bajo presión de Trump?
- ¿Por qué el poder criminal creció hasta exhibir capacidad de respuesta coordinada?
- ¿Por qué la reacción posterior mostró un despliegue casi militar?
Cayó la cabeza.
Ahora toca diseccionar el cuerpo.
Porque si algo dejó claro la jornada posterior al operativo es que la organización no era un individuo, sino una red.
El error histórico del descabezamiento
La experiencia internacional es clara, en Colombia, en Italia, en Centroamérica, el descabezamiento sin desmantelamiento produce reacomodo, no desaparición.
Eliminar al líder es condición necesaria, no es condición suficiente.
Si el Estado limita su acción a la dimensión armada, el resultado puede ser simplemente un relevo generacional dentro de la misma estructura.
Ya cayó el miembro armado.


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