Bukele: ¿el salvador?

Las calles iluminadas, brillan con un silencio que cientos temieron imposible, y la tranquilidad se paga con la moneda de la pérdida de libertades.
Bajo un manto de seguridad, muchos evitan alzar la voz por miedo a las consecuencias; la sensación de paz coexiste con el rumor de que ya no se permite disentir.
Al descender del avión, Irvin —mi conductor de taxi— me relató su experiencia en “Villa del Lago”, un barrio otrora dominado por pandillas.
Antes, explica con voz apesadumbrada: “tenía que pagar hasta cinco dólares diarios a los pandilleros solo para llegar a mi casa sin que rompieran los vidrios de mi coche”.
Todo cambió cuando el gobierno de Bukele declaró “el régimen de excepción”: una medida que suspende garantías constitucionales básicas (como el derecho a un juicio justo y la libertad de reunión) para enfrentar la crisis de seguridad.
Complementario a esto, “el Plan Control Territorial” desplegó a las fuerzas armadas en los barrios más peligrosos, autorizándolas a arrestar a sospechosos con tatuajes “pandilleros” sin orden judicial.
“Entraron de madrugada, se llevaron a todos, culpables e inocentes”, rememora Irvin, “y desde entonces mi familia duerme con menos sobresaltos… pero más con el corazón en un puño”.


