
1.
Tráfico de drogas y relación con cárteles, incluso mexicanos; impulso democrático, pues el dictador se robó las últimas elecciones; y quedarse con el petróleo que abunda en esa nación sudamericana.
Estos tres argumentos los han utilizado tanto Trump como Rubio, y hasta circula uno que no han mencionado: los hermanos Rodríguez-Delcy, la actual presidenta interina, y Jorge Jesús, Presidente de la Asamblea Nacional- facilitaron la entrega de su jefe.
2.
Más allá de estas consideraciones propias de la Ciencia Política, de la ineptitud mostrada por la Organización de las Naciones Unidas, y de los acontecimientos que se vendrán desarrollando en Venezuela de modo inmediato durante los próximas semanas -analistas hablan de que se pasará de un infierno a otro-, hay un elemento poco mencionado tanto en las conversaciones entre amigos como en las redes sociales y en los análisis de la comentocracia crítica: la suposición de que al denunciar las atrocidades de uno, terminas por justificar las del otro.

3.
En efecto.
Si yo puntualizo que Maduro es líder de un grupo delictivo, traficante de drogas; que él y sus cercanos tienen millones de dólares en bancos suizos, sustraídos de su país; que ha encarcelado a centenares de presos políticos, periodistas extranjeros inclusive; que se robó las recientes elecciones presidenciales, impugnadas por casi todos los países del mundo; que mantiene en ruinas a su país, no obstante su riqueza petrolera; y que es un triunfo para Venezuela su traslado -haya sido como haya sido- a los EUA; obvio, soy de extrema derecha.
4.
Si, por el contrario, cuestiono el que Trump viole todo tipo de leyes internacionales; que se sienta el dueño del mundo o, al menos, de América -siguen las andanadas por apoderarse de Groenlandia-; que se asuma como el gendarme global, capaz de aplicar la ley del revólver donde le convenga a sus intereses; que haya atacado a 34 botes, supuestamente portadores de droga, asesinando a 110 personas, sin haberlas llevado a juicio; que genera cortinas de humo para ocultar su relación con Epstein, resulta claro que soy un resentido de izquierda.