Feliz día del niño desde Gomi Gomi

Parecía otra cosa.
- Más vivo.
- Más ruidoso.
- Más creativo.
Más de 250 niños de comunidades de General Cepeda estaban sentados en mesas largas, rodeados de cartón, tapas, alambres y pedazos de cosas que normalmente acabarían en la basura… armando robots.
Robots como solo un niño puede imaginar.
La dinámica se llamaba RE-Creo.
Y pocas veces un nombre hace tanto sentido.
Llegamos 32 voluntarios (y lo digo en serio) igual de emocionados que ellos.
Pensando que íbamos a ayudar, a guiar, a enseñar… pero en cinco minutos entendí que no.
Ellos no necesitaban dirección.
Necesitaban espacio.
La dinámica era facil:
- Un robot base en una cajita de cartón.
- Y de ahí… lo que saliera.
- Ese cartón se volvía pertenencia, “Mi robot”.
- Crear la historia.
- Creatividad.
- Sin rollos forzados.
- Solo manos creando con lo que hay.
Ahí conocí a César Fernández de la Reguera Martín.
Un tipo que no solo hizo un proyecto… creó un universo.
Su colectivo se llama Gomi Gomi (“basura” en japonés) y de ahí nace Roboto Roto: una especie de legión de robots construidos con desechos, que vienen de un futuro donde el mundo está completamente invadido por basura.
- En su historia, esa basura no es el problema… es la materia prima.
- Es lo que da vida.
- Es lo que construye.
Y esos robots (cada uno distinto) son parte de esa legión que encuentra valor donde todos los demás ya dejaron de ver algo.
Y cuando ves a 250 niños construyendo sus propios robots… entiendes perfecto lo que quiso hacer.
- No era una actividad.
- Era una idea que iba más allá.
Platicando con él, me dijo algo que se me quedó muy grabado:
Su sueño era ver a 100 niños armando sus robots.
Cien.
En ese momento… atrás de nosotros estaban formando a más de 250 niños, con sus robots listos, subiendo al escenario para la foto.
Hay sueños que se cumplen.
Y hay sueños que, sin darte cuenta, se te quedan cortos.
- El patio se volvió un ecosistema.
- Niños creando.
- Papás metiéndose.
- Voluntarios al pendiente.
- Gente que pasaba… y se quedaba.
También me tocó coincidir con la Secretaria Esther Quintana Salinas.
Y la verdad, se agradece cuando este tipo de iniciativas tienen ese respaldo.
Porque el arte y la cultura no son “extra”.
No son relleno.
Son de las pocas cosas que realmente moldean cómo una comunidad piensa, imagina… y crece.
Y esto que pasó en Santa Anita no es menor.
Salí de ahí con una idea bien clara:
Nos preocupa mucho enseñarles a los niños cómo funciona el mundo… pero se nos olvida no quitarles la forma en la que ellos lo ven.
Porque mientras nosotros hablamos de estrategia, procesos, presupuesto y cosas de adulto… ellos agarran una tapa, un cartón y un pedazo de alambre… y hacen algo.
- Sin pedir permiso.
- Sin miedo a que salga mal.
- Sin complicarse.
A veces creemos que innovar es complicado.
Que necesitas más recursos, más estructura, más todo.
Y luego ves a un niño hacer un robot con basura… y entiendes que el problema nunca fue lo que tienes.
Fue en qué momento dejaste de intentar.


