
Hoy Maduro está en una cárcel de Estados Unidos, de la que difícilmente saldrá, y el criminal y arrogante régimen chavista bebe de la mano de Washington bajo advertencia de que no se le ocurra tratar de engañar a la Casa Blanca.
“No lo pudieron impedir, ésta es una gran victoria de la democracia”, dijo hace un año Maduro en un discurso tejido con mentiras y fantasías.
“Estamos orgullosos de hacer valer la voluntad del pueblo en este acto que refleja la garantía de paz, la estabilidad y el avance de Venezuela”.
El ejército y la Policía Nacional Bolivariana se encargaron de que nadie alterara la fiesta a la que asistieron los presidentes de Cuba y Nicaragua y pasaron lista los representantes de Putin y Xi Jinping, así como el embajador de México en Venezuela, Leopoldo De Gyves.
Hace un año se nos criticaba por concentrarnos obsesivamente en la cobertura del tema venezolano (“un asunto que no interesa en México”) con el fin de “golpear” al gobierno, a la 4T, a la “izquierda latinoamericana”, etcétera. Y miren hoy.

