
Me cuesta no congeniar con alguien que, en su contienda final para evitar la inhabilitación como director de Materiales de Lectura de la SEP, decide atrincherarse con un texto y un micrófono y convoca a la formación de un “poder popular de tal magnitud que no deje una sola piedra de esta institución y regrese a los orígenes y valores con los que se creó la SEP”.
Ignoro si su gestión fue lo desastrosa que sostienen sus severos críticos. Sí creo que en 2021 se le linchó a partir de encabezados, no de la lectura completa de su dicotomía sobre la lectura por placer y la lectura “con propósito educativo y crítico”.
Y sigo preguntándome dónde reside la contradicción sustancial de un 4T de cepa cuando acusa al secretario Mario Delgado de “mantener y profundizar procesos de privatización de la educación pública” y operar políticas de Coparmex, la OCDE, Unesco, FMI, Banco Mundial, “en la formación de una ciudadanía sumisa al sistema de consumo neoliberal y las necesidades empresariales”.
¿En qué punto se desacopla eso de la genética y esencia del movimiento?
Hubo algo muy simbólico ayer por la tarde en la resistencia de Marx.
Fue la escenificación de una caída: la de quienes conciben el poder como una oportunidad histórica de confrontación, un episodio de lucha de clases, por demodé que suene.


