Una réplica para Ciro Gómez Leyva

Ernesto Pompeyo Cerda Serna DETONA® A su columna: “El inexistente PAN”

Por Ernesto Pompeyo Cerda Serna
Ernesto Pompeyo Cerda Serna
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Utilizar la palabra “inexistente” para un partido político que cuenta con millones de votos y una infraestructura nacional tangible es, desde un punto de vista estrictamente metodológico y factual, un análisis sesgado y una exageración retórica. 

Si detrás de esa afirmación no hay datos verificables, estadísticas serias o hechos contrastables, no estamos ante una realidad objetiva, sino ante otra opinión disfrazada de verdad absoluta. 

El debate intelectual no se gana reclamando el monopolio de la razón, sino demostrando los errores del oponente con argumentos sólidos, algo que la columna analizada elude desde el primer segundo.

Si nos desmarcamos de la pasión editorial del columnista para observar la realidad objetiva, se evidencia lo siguiente:

  • Los datos matan el relato: Una fuerza política con 70 diputados federales, 22 senadores, 4 gubernaturas y más de 240 municipios bajo su gestión no es un fantasma. Tiene presupuesto público, control territorial, capacidad de veto local en varios estados y una militancia activa. El señalamiento es impecable: la columna cae en el terreno del juicio de valor emocional y la hipérbole política, alejándose de una evaluación estadística y de territorio real.
  • El origen del “desahogo”: En el periodismo de opinión política en México suele recurrirse al dramatismo. Al ver que el bloque oficialista cuenta con las mayorías necesarias para realizar reformas constitucionales profundas, los críticos proyectan una sensación de impotencia institucional. El calificativo de “inexistente” responde más a esa frustración por la falta de contrapesos legislativos efectivos que a la desaparición real del partido.
  • El peligro de ignorar a la oposición: Dar por muerto a un partido histórico (fundado en 1939) es un error de diagnóstico común. La historia electoral demuestra que los vacíos de poder se llenan y las fuerzas políticas se reconfiguran. Mientras el PAN mantenga sus bastiones y millones de ciudadanos sigan cruzando su logotipo en las boletas del Instituto Nacional Electoral (INE), la organización seguirá operando como un actor clave en el sistema democrático.

La frustración política nihilista no construye; paraliza. 

Cuando un análisis se reduce al hígado, al desprecio y a negar la realidad fáctica —como pretender que un partido con millones de votos y cientos de diputados es “inexistente”—, la frustración deja de ser un motor de cambio y se convierte en un berrinche intelectual. 

Ese resentimiento no aporta soluciones ni transforma la realidad; solo la evade.

Al cerrarse al diálogo y refugiarse en la negación de los datos, el analista frustrado anula su propia capacidad de influir.

La verdadera política exige entender la realidad tal como es para poder cambiarla; la frustración que prefiere cegarse ante los hechos solo perpetúa el mismo estancamiento que dice combatir.

Este divorcio entre la narrativa analítica y la evidencia empírica encuentra su explicación en la teoría política clásica.

Cuando un emisor recurre a la “política-ficción” denunciada por Giovanni Sartori, o se refugia en la ceguera de campo descrita por Pierre Bourdieu, sabotea la posibilidad de un diagnóstico sistémico riguroso. 

Al ignorar las fuerzas reales en tensión —lo que Kurt Lewin identificaba como paso indispensable para cualquier intervención social—, el discurso se reduce a un ejercicio estéril de autoengaño.
Ernesto Pompeyo Cerda Serna
Correo: cerda999@hotmail.com Contador Público y Auditor. Socio del Despacho D. E. C. y Miembro del Despacho Internacional PKF North American. Autor de los libros. Adiccionario Político. Kratologia. Literatura y Poder.