
1.
La prolongada pausa tendrá sentido si le sacamos provecho, si no se reduce a una borrachera con posterior resaca, no restauradora sino estéril en sus frutos.
Fue una gratificante experiencia desde varios ángulos, y es justo reconocerlas y valorarlas, pero también necesitamos reconocer el protagonismo de varias falencias que, de no ser resueltas en los próximos cuatro años -y no creo que la FIFA tenga la intención de hacerlo-, volverán a aparecer y quizá con mayor impacto.
2.
La magia del balompié se impone sobre la belleza de otros deportes, por lo que una copa del mundo supera en audiencia a las olimpíadas.
Esta vez no fue la excepción.
Estadios llenos, no obstante el precio de los boletos; igual asistencia en los llamados “Fan Fest”; millones de telespectadores en la final -alrededor de 1,500 millones en el mundo-, hablan de su alcance.
Para quienes nos gusta el futbol nada hay que objetar a la calidad de la semifinal, final y de muchos partidos.
No siempre quien juega mejor es el campeón, y en este caso sí sucedió.
Bien por España.

