Claudia: das miedo

Su talante soberbio y autoritario encaja muy bien con los regímenes que son herencia del comunismo soviético, donde el dogma y el maniqueísmo son las armas que se utilizan para manipular a la sociedad.
A Claudia no le importa inspirar confianza y simpatía.
No es la candidata humilde, necesitada de conquistar votos y voluntades.
Actúa con la arrogancia del poderoso, el que siente estar por encima de todo porque goza de protección.
En los tres debates quedó confirmado el temor de millones de mexicanos:
La candidata de López Obrador es una mujer fría y sin sentimientos.
Más parecida a una a una celadora de cárcel comunista que a una mexicana sensible y solidaria con el dolor de una nación.
No se engañen sus aplaudidores.

- Su imagen no es la de una estadista demócrata.
- Su estilo es más parecido al de Maduro, Daniel Ortega o Diez Canel.
- Nunca, a lo largo de la campaña, hizo un llamado a la unidad nacional.
- Jamás dio muestras de que estaría dispuesta a abrir las puertas a sus adversarios.
- Sólo dejo ver que, de ganar, atizaría la división y la confrontación entre mexicanos.
- El rostro de piedra de Sheinbaum representa lo que no es, ni quiere ser México: una dictadura.
- Su imagen inspira miedo.
- Evoca el recuerdo de esos regímenes donde la libertad de pensamiento y de expresión, las diferencias raciales, políticas y religiosas se castigaban en campos de concentración.
Claudia cometió el error, en el último debate, de recordar la matanza de Tlatelolco.
Lo hizo, para decir que la alianza PAN-PRI-PRD representa la represión.
No, señora Sheinbaum, los muertos no solo los han puesto los gobiernos del pasado, sino también este.
Usted simboliza a un régimen que ha dejado cadáveres por todas partes.
