El objetivo prioritario del banco de México, y el poder adquisitivo de la moneda

Marco Pérez DETONA® De conformidad con la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, y de la propia Ley del Banco de México, su objetivo PRIORITARIO (no UNICO) es “Procurar la ESTABILIDAD del poder adquisitivo de la moneda nacional”, lo cual se puede interpretar como PRESERVAR el poder adquisitivo del dinero, ya que si el poder adquisitivo es “estable” su poder de compra no disminuye (aunque tampoco aumenta).

Por Marco Pérez
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De tal suerte, la UNICA manera de que se preserve el poder adquisitivo de la moneda, es que la inflación sea de CERO, ya que cualquier aumento en los precios, por menor que sea, reduce el poder adquisitivo, y se incumple con el objetivo prioritario del Banco.

De tal suerte, establecer una meta inflacionaria de un rango entre 2% y 4% anual, ya que la inflación objetivo la establece el Banco en  3% anual, (con margen de un punto hacia arriba o hacia abajo), de salida, INCUMPLE con el mandato Constitucional prioritario de procurar la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda, ya que como se apuntó anteriormente, la púnica manera de conseguirlo es con inflación CERO.

Queda claro, entonces, que el objetivo prioritario del Banco de México es sin lugar a dudas utópico e inalcanzable en nuestra economía, y que debe ser modificado para adecuarlo a la realidad, oportunidad que podría ser aprovechada para incluir también, como objetivo del Banco, procurar un mayor crecimiento de la economía, al igual que lo tiene la Fed en los Estados Unidos.

Este objetivo, de procurar un mayor crecimiento de la economía.

Generalmente se instrumenta con una política de bajas tasas de interés, en términos reales, y es una de las cosas que la encargada de la presidencia ha estado sugiriendo desde el año pasado, para buscar incentivar más la inversión y el crecimiento económico.

De hecho, durante el año pasado, la Junta de Gobierno del Banco de México instrumentó una política más de acuerdo a este deseo del Gobierno Federal, reduciendo la tasa interbancaria en 8 ocasiones, las primeras cuatro en 50 puntos base y las últimas cuatro en 25 puntos base, para totalizar una reducción de 3 puntos porcentuales en 2025, quedando la tasa de referencia en 7 por ciento anual, tasa 90% superior a la inflación reportada por el INEGI para el año pasado, de 3.69%.

Lo que pasa, quizás, es que se quedaron acostumbrados a tasa reales anormalmente altas en años pasados, ya que por ejemplo, en 2023, la tasa objetivo estaba en 11.25% cuando la inflación no llegaba ni al 5%, otorgando un elevado premio al ahorrador, que en buena medida apuntaló la entrada de dólares y la depreciación del dólar, pero esa fiesta se acabó, y muchos no quedaron contentos.

De hecho, algunos analistas despistados (¿o mal intencionados?).

Han externado que el indicador que debe tomar en cuenta el Banco, no es el INPC, sino la inflación “subyacente” la cual ha estado poco arriba del 4% en los últimos ocho meses.

Porque ésta inflación es más real ya que excluye los productos volátiles de movimientos estacionales en sus precios, así como la de los bienes controlados por el gobierno, como las gasolina, pero parece que no entienden que la variable que afecta el poder adquisitivo del dinero es TODA la inflación de la canasta de bienes y servicios, y no solo la de una parte de esos bienes y servicios, por lo que su recomendación carece sustento económico.

Incluso, la calificadora Moodys externó una opinión en días pasados, en el sentido de que el Banco de México ha perdido “credibilidad” (el Burro hablando de orejas) al reducir su tasa de interés objetivo de manera prematura, plegándose a los deseos del Gobierno Federal.

Vaya descaro de estas calificadoras, las mismas que refrendaron el grado de inversión de la deuda de Enron, solo días antes de que se declara en quiebra, al igual que con la deuda hipotecaria de los EUA antes de la quiebra de Leman Brothers, de septiembre de 2008, que detonó la última gran recesión económica mundial, sin que hayan sufrido las consecuencias.

Y todavía hay economistas despistados que siguen creyendo en las calificadoras de valores, las cuales no han dejado de tener clientes gracias a las disposiciones legales que obligan a quienes quieren emitir valores, a contar con dos calificaciones de su deuda, lo que las ha mantenido operando, “alive and well” a pesar de su claro conflicto de intereses con sus clientes.

En resumen, la tasa de referencia actual, como ya lo comenté, a pesar de sus 300 puntos base de reducción que se aplicó el año pasado, sigue otorgándole al ahorrador un rendimiento real bastante atractivo, 90% superior a la inflación oficial, dejando atrás la “fiesta” de rendimientos reales injustificados.

Finalmente, estas reducciones en la tasa de interés, más que “ayudar” al crecimiento de la economía, van a darle un leve respiro a las atribuladas finanzas públicas, al reducir el costo de la deuda pública, ya que el 85% de la deuda total está colocada en pesos.

Y sin duda es un buen apoyo para que no aumente tanto el déficit en 2026. 

Marco Pérez
Economista especialista en finanzas públicas, Socio Director de Econometría Aplicada SC, Conferencista y Catedrático a nivel doctorado.