1.
Si una conversación sube ligeramente de tono, y tu interlocutor te suelta un “con todo respeto”, añadiendo voz comedida y mirada cariñosa, habrá que prepararse para el trancazo: en el mejor de los casos cuestionará tus argumentos con otros que él considera más atingentes.
En el peor de los escenarios no se ahorrará desde epítetos denostativos hasta sonoros insultos.
Pero la advertencia introductoria ya lo puso a buen resguardo, pues por más que pueda lastimarte, así sea prolijo en improperios hacia tus ideas y tu persona… lo dice con todo respeto.
2.
Así sucede en Las Mañaneras de Palacio Nacional.

Desde hace más de cinco años se ha venido tratando, con todo respeto, obvio, a periodistas y científicos, a académicos y empresarios medianos, a padres de niños con cáncer y a mamás buscadoras.
Inclusive, y cuando uno podría suponer que un gobierno autollamado de izquierda como el actual, se referiría con mayor consideración a grupos que se identifican con ese giro ideológico, como ecologistas, feministas, colectivos LGTBIQ+ y hasta el EZLN, pues no.
A ellos también se les ha denostado.
Claro, con todo respeto.

3.
Las dos muestras más recientes de estas sutilezas se dieron con el Poder Judicial y con la corresponsal de The New Yor Times, Natalie Kitroeff.
- En el primer caso, se recordó que, en el pasado reciente, y siempre con todo respeto, desde la presidencia de la república se intervenía con indicaciones al entonces presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el ministro Antonio Zaldívar.
- En el segundo, y también de manera respetuosa, se dio a conocer el teléfono personal de la periodista. No importó que en ambas situaciones se infrinja de manera flagrante la ley.