Lo peor está por venir

El ultimátum de Estados Unidos a Irán para liberar el estrecho de Ormuz o aniquilará sus instalaciones energéticas, ha disparado una respuesta de Teherán:
Si eso ocurre, la represalia será simétrica contra países aliados de Estados Unidos.
De ocurrir, podría desencadenar una espiral impredecible no sólo en el aspecto bélico, sino en el económico y social.
La producción de gas mundial podrá verse dislocada, y eso afectaría a la generación eléctrica en gran parte del mundo, además de golpear la producción industrial global.
Irán podría atacar pozos, plantas, refinerías, gasoductos (en particular el que va de Yanbu al mar Rojo).
Ya probó de lo que capaz al lanzar misiles a una instalación de investigación nuclear en Israel y dos misiles de largo alcance contra la base Diego García, a 4 mil kilómetros de distancia.
Si el estrecho no se abre, Goldman Sachs predijo que un cierre de 2 meses costaría a Qatar y Kuwait el 14% de su PIB y entre un 3% y un 5% el de Arabia Saudita y de los Emiratos Árabes Unidos.
La escasez de hidrocarburos -Irak ya ejerció la cláusula de fuerza mayor para frenar contratos de exportación- y gas, más la incertidumbre global, dispararía el costo del petróleo, gasolina y gas por un largo periodo.
Pero, además, no es sólo el petróleo.
Arabia Saudita y Emiratos Árabes dependen de grandes complejos de desalinización para su suministro de agua: Arabia Saudita cerca del 70% y Emiratos alrededor de 40%.



