Descanse en paz

Más allá del análisis del escándalo que enfrenta la presidenta del Instituto Nacional Electoral (INE), la gravedad, a mi juicio, reside en otra parte: la erosión de la credibilidad de una institución que, durante años, fue piedra angular de la democracia mexicana.
Durante años, el INE gozó de uno de los niveles más altos de confianza entre las instituciones mexicanas. No era poca cosa en un país que desconfiaba profundamente de lo público.
El INE surgió bajo un clamor popular de imparcialidad, tras dos eventos trágicos: el fraude de 1988 y el asesinato de Luis Donaldo Colosio.
A esos traumas políticos les siguió la bancarrota nacional de 1993-1994.
La política necesitaba una válvula de escape, y esta llegó mediante una negociación de amplio espectro que arrebató a la Secretaría de Gobernación la organización de las elecciones y se la otorgó a la sociedad.
Las reñidas elecciones de 2006 colocaron al entonces IFE en el centro de los ataques de Andrés Manuel López Obrador.



