Proyecto: Fin del Mundo es la clásica película donde la Tierra tiene los días contados, pero hay una muy distante posibilidad de que se pueda salvar con el por igual clásico sacrificio de los pocos en pos de los muchos.
Ryan Gosling es Ryan Grace, que despierta en una nave espacial en el sistema solar Tau Ceti, con sus compañeros muertos durante el viaje de 13 años y el misterio que no sabe por qué está ahí ya que también sufre de amnesia.
La cosa es que sólo él puede salvar a la Tierra, quién sabe cómo, pero con la ayuda de un extraterrestre y la amistad que surge entre ellos hay la posibilidad que ambos logren sus respectivas misiones.
Aquí el punto es la historia, pero el énfasis sobre la ciencia ficción presente en Proyecto: Fin del Mundo es la relación entre Grace y el extraterrestre Rocky del sistema Epsilon Eridani que se da por la necesidad de que si su misión falla, sus planetas natales están condenados a desaparecer por los astrófagos que consumen la energía electromagnética de sus soles.
El material de origen de Proyecto: Fin del Mundo es el libro del mismo nombre cuyo autor es Andy Weir, la misma pluma tras El Marciano y el responsable del guion para este filme es Drew Goddard, igualmente responsable de la adaptación de El Marciano a la pantalla grande en el 2015.
Goddard como guionista y de la misma forma los directores Phil Lord y Christopher Miller se han encargado de simplificar al máximo la historia que narra la novela para lograr una versión qué, como paquete es entretenida cortesía de que Gosling como actor trabaja bien lo que le ponen en sus manos.
La película se aleja totalmente de la ciencia ficción del libro, de pintar el genio que es Grace y cómo va tejiendo una solución a la amenaza que cierne sobre el Sol y sobre el planeta de Rocky.
Total, la película se va sobre lo simple y nos presenta una aventura, haciendo alusión a Gosling en el filme Barbie, de Ken Astronauta con mucho chistorete que no viene al caso destruyendo la fortaleza del personaje y pintándolo como un miedoso.
La fuerza de la película son Grace y Rocky, innegablemente bien manejada, aunque reducen la relación tipo pareja dispareja, literal Abbot y Costello en el espacio que entre prueba y error logran una amistad que les permitirá cumplir sus misiones.
Ahí directores y guionista respetan la visión de Weir de Rocky, su apariencia y su ser como extraterrestre, ambos desarrollando paso por paso una fuerte amistad.
En base a ese punto de vista Proyecto: Fin del Mundo cortesía de esa simpleza opera bien, logra deshacerse de cualquier complicación que pudiera acarrear la ausencia en la trama de ciencia dura y sólida.
Nunca se menciona la tragedia que se vive en la Tierra, un caos apocalíptico total sobre la población y el planeta ocasionada por los astrófagos acabando con el Sol.
En una escena para otra sin explicación alguna, ya tienen una nave que se mueve con propulsión que puede llegar a 0.9 de la velocidad de la luz.
Para evitar dramas, nunca explican qué sucedió con los compañeros de viaje.
La nave porta la inteligencia artificial más tonta del universo.
El guión anterior de Drew Goddard, El Marciano siempre colocó al personaje de Matt Damon por encima de las cosas, inteligente y valiente y metió chistoretes que nunca interrumpieron el desarrollo del personaje.
Aquí el chiste es la relación Grace-Rocky y no hay mas que contar, manejada con efectividad y plasmada en la pantalla sin el asombro debido.
Y sí, el filme se siente demasiado largo a pesar de la edición vertiginosa.
El meollo a la larga es tomar nota que un verdadero sacrificio se da sólo entre verdaderos amigos.
Satisfactorio mensaje y no hay vuelta de hoja.

