Cuando el Sentido Común Dejó de Ser Común


La lógica perdida en la política y la ciudadanía
Ese instinto básico que guía las decisiones humanas más razonables y honestas, parece haber sido desplazado por el ruido del cálculo político, el “fast track” mediático y la indiferencia social.
Hoy, la política estatal transita entre impulsos y ocurrencias.
Las decisiones se anuncian como si fueran campañas, los problemas se gestionan como si fueran “trending topics”, y los acuerdos se rompen o se sellan no con base en el bien público, sino en la conveniencia del momento.
La congruencia, la planeación y el interés colectivo han sido sustituidos por una especie de marketing del poder, donde importa más cómo se percibe algo que lo que realmente se logra.
Pero lo más alarmante es que la ciudadanía también ha aprendido a normalizarlo.
Se perdió la capacidad de asombro frente al absurdo político.
El “ya da igual” se convirtió en un refugio emocional para muchos, y este es, quizás, el síntoma más claro de que el sentido común está extraviado.
El espejo social de la incongruencia
El deterioro del sentido común no sólo ocurre en los pasillos del poder.
También se refleja en la calle, en la conversación diaria, en la dinámica digital.
Nos hemos acostumbrado a reaccionar más de lo que razonamos.
Opinamos sin información, compartimos sin verificar, y votamos con más emoción que convicción.
Mientras tanto, las decisiones estructurales (las que realmente definen el rumbo de nuestro estado) se toman sin participación informada y sin presión ciudadana consistente.
El ciudadano común, el que trabaja, paga impuestos y sostiene la economía del estado, comienza a sentirse ajeno y desconectado del sistema político.
Intuye que algo no encaja, pero no encuentra quién represente con claridad la voz de la sensatez.
La conversación pública se ha vuelto una competencia de extremos: o se aplaude sin entender, o se destruye sin proponer.
Y así, el sentido común (esa brújula cívica que nos decía cuándo algo estaba bien o mal sin necesidad de discursos) ha quedado fuera del radar colectivo.






