1.
Salvo las clásicas refutaciones y alegatos del día después electoral, todo parece indicar que Morena y su candidata consiguieron una victoria avasallante.
Ya disfrutan las mieles del triunfo, y habrá qué analizar cómo se logró tan abrumador resultado.
Por lo pronto, y habida cuenta de que la nueva mandataria tendrá como principal reto la relación con el hasta hoy inquilino de Palacio Nacional, van cuatro desafíos que, en mi opinión, ella y su partido deberán enfrentar en los próximos seis años: incluir, reconocer, cicatrizar e impedir.
Veamos cada uno de ellos.
2.
En primer lugar, habrá que incluir en la nueva gestión no solo a simpatizantes y amigos; ni tampoco a quienes se les debe favores, sino a las personas más competentes.
El siguiente gabinete no pude estar coopado por cuotas partidistas o compromisos amistosos, sino por personas honestas y competentes.
Y bien hará la próxima presidenta en abrir el abanico de funcionarios a integrantes de otros partidos, o a miembos de la Sociedad Civil que pueden ser muy útiles para la administración pública.
Confío en que el próximo gobierno sea incluyente.
3.
Un segundo reto es reconocer, aunque sea en las reuniones internas, los múltiples desaciertos de la administración que termina, a saber:
- Las intromisiones de Palacio Nacional en las campañas, que convirtieron al proceso en una elección de estado;
- El pésimo manejo de la pandemia y, en general, la atención a la salud y a la educación;
- La militarización rampante;
- La falta de resultados en el combate a la violencia;
- El hostigamiento diario a los organismos independientes;
- El desvío de presupuestos para las megaobras del sexenio, etc.

