
Robert Sapolsky, neurocientífico de Stanford.
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Es una relación de diez hábitos que el cerebro lee distinto de nosotros, como si tuviéramos alguien paralelo adentro, más antiguo y más alerta que nosotros.
Los malos hábitos que, combinados, pueden matarte de estrés son, según Sapolsky:
- Rumiar malas conversaciones viejas. Por ejemplo, dice Sapolsky, “esa cosa idiota que le dijiste a un profesor hace quince años”. Tu cerebro, explica @jota_snchez, no sabe que la conversación no está ocurriendo en este momento. Suelta la misma sobredosis de cortisol que le produjo el trance original.
- Preocuparte por cosas que no han sucedido. “La cebra reacciona a un león durante treinta segundos, dice Sapolski, luego pasta pacíficamente. Un humano se preocupa por un león imaginario durante treinta años”.
- Navegar por las noticias en internet. “Cuando lees lo que está pasando en Ucrania o en Bangladesh, dice Sapolsky, se activa la misma respuesta de estrés que tenemos de origen como especie para ayudarnos a escapar de los depredadores”.
- Consumir en exceso tragedias y violencia. “Los seres humanos son los únicos que activan una respuesta de estrés al mirar una película o leer una novela”.
- Tratar de controlar lo que no puedes controlar. Tanto el intento de control como el fracaso al intentarlo, pone al cerebro en modo de supervivencia.
- Suspender el trato social porque estás “ocupado”. La ausencia de trato social puede agravar el estrés hasta volverlo crónico.
- Aplazar relajaciones para el fin de semana. Por ejemplo: hacer ejercicio. Hazlo diario.
- Meditar a la oriental aunque lo odies. “Haz nada más lo que te guste”. Buscar siempre la nueva dosis de dopamina. Sapolsky: “Somos la especie que siempre quieremás y más”.
- Permanecer en ambientes que te agotan. El estrés puede ser una costumbre que se activa cada día en un entorno adverso.
Las conclusiones de Sapolsky, dice @jota_snchez, vienen de su investigación sobre los babuinos, que, cuando viven en manadas inestables, presentan niveles elevados de cortisol, y una esperanza de vida más corta, la cual suele terminar de pronto, sin aviso de enfermedad previa.



