Siete Puntos

Bajarle dos rayitas

Padre Paco DETONA® Durante mucho tiempo impartí clases de tanatología. Una de las temáticas se centraba en el manejo de las enfermedades ajenas, con el necesario respeto a quienes las enfrentan.

Por Padre Paco
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1.

Señalaba tres maneras equívocas -aunque muy bien intencionadas- que, en mi opinión, utilizamos para tratar de acompañarlas. 

Al mismo tiempo, recomendaba una, en apariencia poco significativa pero muy respetuosa. 

En estos años recientes he agregado otra al primer grupo, repitiendo que parten de una posición de amor e intento desintersado por ayudar de manera efectiva. 

Van.

2. 

El primer acercamiento a la persona enferma muchas veces es de regaño

Ante el resfriado que anticipa malestares, se le agrega uno más con la pregunta: “¿pues ahora qué hiciste?”. 

Y si la respuesta refleja algún descuido del acusado -sudó y no se bañó de inmediato, bebió refrescos helados, olvidó la chamarra durante el frente frío- arriba el contraataque: 

“¡Ya te he dicho que no seas tan descuidado! ¿Por qué no me haces caso?”. 

Esta actitud esconde o refleja la preocupación de lo que se puede venir: desde dedicarle demasiado tiempo al afectado hasta perderlo para esta vida.

3. 

Una segunda reacción busca desautorizar las medidas tomadas por quien sufre la dolencia.

“¿A qué doctor estás viendo? ¿A Y? Ese no sirve para nada, es un charlatán y solo te sacará dinero. Tienes que ir con Z. Es el mejor”. 

No falta quien te saca la cita con el galeno, te exige una foto entrando a su consultorio y, de preferecia, un video como evidencia de la entrevista. 

Es hasta capaz de surtirte la receta y, como esta amable amistad sabe más que los médicos, agrega algunos remedios que, sostiene, son inclusive más efectivos que los medicamentos recetados.

4. 

Hay quien va todavía más allá, y es el catastrofista-trágico

Comienza interrogándote con mucha amabilidad sobre los síntomas que presentas, el tiempo con el achaque a cuestas y el tratamiento que sigues, para rematar con un 

“¡Híjole, a un amigo le pasó lo mismo, y después de una larga y dolorosa agonía, acaba de fallecer!”. 

Consciente de sus tenebrosas palabras, matiza: 

“¡Claro!, cada persona es diferente y no todo mundo corre la misma suerte, pero yo que tú -remata- ponía mis cosas en orden, afinaba el testamento, y me preparaba para lo peor”.

Padre Paco
El sacerdote José Francisco Gómez Hinojosa (Monterrey, México, 1952) exVicario General de la Arquidiócesis de Monterrey. Es diplomado en Teología y Ciencias Sociales por el Departamento Ecuménico de Investigaciones de San José, Costa Rica, y doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Ha sido profesor en el Seminario de Monterrey, en la UDEM, el ITESM, la Universidad Pontificia de México, el Teologado Franciscano, el EGAP (Monterrey) y la Universidad Iberoamericana (Centro de Extensión Monterrey).