
"¿Y si pedimos algo al centro?"
Lo interesante es que esa pregunta, aparentemente sencilla, dice mucho sobre cómo ha cambiado
nuestra forma de comer.
Porque si regresáramos algunos años atrás, la dinámica era muy distinta.
Cada uno pedía lo suyo una entrada, si acaso, un plato fuerte, y quizá un postre para compartir al final.
La comida era una experiencia más individual. Hoy no. Hoy la mesa se construye de otra manera.
La era de las entradas
Algo curioso está ocurriendo en los restaurantes, las entradas dejaron de ser entradas, y comenzaron a
convertirse en protagonistas cada vez es más común ver mesas llenas de platos al centro.
- Tostadas.
- Aguachiles.
- Croquetas.
- Papas.
- Dumplings.
- Carpaccios.
- Coliflores rostizadas.
- Tapas.
Y mientras llegan más platos, la conversación también empieza a fluir, porque las entradas tienen algo que los platos fuertes rara vez consiguen:
- Obligan a compartir.
- A preguntar.
- A pasar el plato.
- A probar algo que quizá no hubieras pedido para ti solo.
- Y en el proceso, la experiencia se vuelve mucho más social.
La mesa dejó de ser individual.
Quizá sin darnos cuenta, también cambiamos nuestra relación con la comida,antes cada plato tenía
dueño.
Hoy los platos pertenecen a todos, y eso ha hecho que las comidas se sientan diferentes, más
relajadas.
Más participativas, más parecidas a una conversación que a una secuencia de tiempos
perfectamente estructurados.
No se trata solamente de comer, se trata de descubrir juntos.
El mundo también llegó a la mesa.
Parte de este cambio tiene mucho que ver con las cocinas que hoy forman parte de Monterrey, la
influencia española nos acostumbró a compartir tapas.
La cocina griega nos enseñó a pedir varios platos para la mesa, los conceptos asiáticos hicieron normal compartir entradas y probar diferentes preparaciones.
Los wine bars trajeron una dinámica donde una copa y algo para compartir muchas veces son suficientes para pasar una gran tarde.
Y poco a poco, todo eso se integró a nuestra manera de salir a comer
Cuando las entradas se vuelven el recuerdo.
Piénsalo un momento.
- ¿Cuántas veces has salido de un restaurante hablando del plato fuerte?
Y cuántas veces has salido diciendo:
- "¿Te acuerdas de aquellas croquetas?"
- "Qué bueno estaba ese
aguachile." - "Tenemos que volver por esas papas."
Muchas veces, los recuerdos más fuertes de una comida nacen justamente ahí, en esos primeros platos
que llegan a la mesa, ls que rompen el hielo. Los que despiertan el apetito.
Los que hacen que alguien tome una Fotografía a antes de que desaparezcan en Cuestión de minutos. Monterrey aprendió a compartir y quizá eso es lo que más me gusta de este fenómeno.
Porque habla de algo más grande que la gastronomía, habla de convivencia, de comunidad, de sentarse a la mesa para compartir algo más que alimentos.
Las entradas se han convertido en una excusa para conversar, para probar cosas nuevas y para construir
experiencias colectivas.
Y honestamente, creo que eso es una gran noticia, porque al final, seguimos llamándole entradas.
Cuando para muchas mesas, ya se convirtieron en la mejor parte de toda la comida.

