¿Alguien vio el elefante en la sala?

México lleva semanas hablando de petróleo.
No precisamente de cómo producirlo, refinarlo o hacer rentable a Pemex, sino de algo mucho más preocupante:
La industria clandestina de los hidrocarburos.
La detención de Ernesto Ruffo Appel, exgobernador de Baja California y primer gobernador de oposición en la historia moderna de México, ha colocado nuevamente en el centro de la discusión el llamado huachicol fiscal.
La FGR lo acusa de delincuencia organizada y contrabando de combustibles, presuntamente relacionado con una red que utilizaba la empresa Ingemar y con el aseguramiento de 129 carrotanques que transportaban más de 15 millones de litros de hidrocarburos en Coahuila.
- Si Ruffo es responsable, que responda ante la justicia.
- Si es inocente, que sea absuelto.
- Eso corresponde determinarlo a los tribunales.
Pero el caso abre una pregunta bastante más incómoda:
¿Cómo es posible que una industria criminal de semejantes dimensiones haya operado durante años prácticamente frente a las narices del Estado mexicano?
- El huachicol ya no es una manguera clandestina
El problema evolucionó.
- Ya no hablamos solamente de perforaciones en ductos y pipas escondidas.
Hoy existen instalaciones capaces de almacenar, separar y procesar hidrocarburos, tanques de enorme capacidad, tuberías, motobombas, sistemas de calentamiento, generadores eléctricos, vehículos especializados y personal técnico.
Es decir: el huachicol se industrializó.
En Veracruz, Tamaulipas, San Luis Potosí, Hidalgo, Morelos y Nuevo León, las autoridades han localizado instalaciones de este tipo.
Y aquí comienza lo verdaderamente extraño.
Una de estas instalaciones en Reynosa, Tamaulipas, habría operado durante aproximadamente cuatro años con capacidad para manejar miles de barriles diarios y se encontraba, según información periodística, a aproximadamente un kilómetro de un cuartel de la Guardia Nacional.
Cuatro años.
Un kilómetro.
Tanques.
Pipas.
Tractocamiones.
Tuberías.
Motobombas.
Personal.
Movimiento constante de hidrocarburos.
Y aparentemente nadie vio nada.


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