El aroma del miedo y el negocio del caos

Gerson Gómez en EXCLUSIVA para Grupo DETONA® El Parque Fundidora dejó de ser un pulmón para convertirse en una tráquea obstruida por el vaho de 150 mil almas, el olor a orines premium y una sutil, casi insultante, ráfaga de aromaterapia de lavanda que los organizadores esparcieron cerca de las zonas VIP.

Por Gerson Gómez
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Diseño de Edwin Sánchez. Material gráfico por Carlos Rodríguez, Gerson Gómez, Ricardo Garza, Andrea Garza, Daniela Cepeda y Oliver Benami / Staff Grupo DETONA®
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Un intento patético de calmar la histeria colectiva mientras, afuera de las vallas, la realidad nos escupía en la cara. 

Aquí les presento la crónica de tres días de un festival que ya no es música, sino un ejercicio de brutalidad organizada.

DÍA 1: El preludio del despojo.

El viernes arrancó con ese optimismo cínico que caracteriza al regio que paga 10 mil pesos por ver a bandas que ya deberían estar jubiladas. 

La entrada fue un embudo de sudor. 

Entre el estruendo de los sintetizadores y el polvo que se levantaba como una maldición, el primer "incidente" marcó la pauta.

Al caer la tarde, la cifra oficial —esa que maquillan con la destreza de un cirujano plástico de San Pedro— ya reportaba los primeros celulares "extraviados". 

¡Qué eufemismo tan delicioso! 

No se perdieron; fueron extraídos con una precisión quirúrgica que ya quisiera el IMSS.

Eran las 8:00 PM y el aroma a sándalo de los difusores instalados en el "Oasis Tech" se mezclaba con el sudor rancio de quienes acababan de perder su conexión con el mundo digital.

El cinismo de los guardias de seguridad, cuya única función parecía ser cuidar que nadie metiera un sándwich, era absoluto. 

"¿Lo traía en la bolsa de atrás, jefe? Pues ya fue", decían con una sonrisa gélida.

Gerson Gómez
Morelense de cepa Regiomontana. LCC con especialidad periodismo (UANL). Doctor en Artes y Humanidades (I.C.A.H.M.). Tránsfuga de la mesa de redacción en diferentes periódicos como El Diario de Monterrey, Tribuna de Monterrey, y del grupo Reforma en el matutino Metro y vespertino El Sol. Escort de rockeros, cumbiamberos, vallenatos y aprendices al mundo de la farándula. Asiste o asistía regularmente a conciertos, salas de baile, lupanares, premieres, partidos de fútbol y hasta al culto dominical. Le teme al cosmos, al SAT, a la vejez y a la escasez de bebidas etílicas. Practica con regularidad el ghosting. Autor de varios libros de crónica como Hemisferio de las Estaciones, Crónicas Perdidas, Montehell, Turista del Apocalipsis, Monterrey Pop y Prêt-à-porter: crónicas a la medida.