
¿Les platico? ¡Arre!
- ¿Quiénes son capaces de aceptar que los cuestionamientos de una vida propia rozan la de otros que navegan alrededor?
- ¿Quiénes pueden hablar de la posibilidad de ver el suicidio no asociado con tristeza, abatimiento y dolor, sino como éxtasis de felicidad?
- ¿Y qué me dicen de, afirmar que la Santa Sede de la Iglesia mayoritaria en el mundo no es ni Santa ni Sede, sino una sucursal del mercantilismo tolerante de sus propias desviaciones?
Entonces y por eso, decirlo resulta un portentoso manifiesto, si se vive entre un país mayormente católico y otro que albergó las atrocidades de los santos inquisidores, que convirtieron a la fe en un producto con marca, sello, censura y hoguera para los herejes.
Eso y más, mucho más es lo que podemos leer en la ópera prima de Andrés Meza: “Mi Jardín de las Delicias”, presentada la noche de este inusualmente caluroso jueves invernal, en la hermosa Casa del Libro de la UANL.
¿Quiénes atestiguamos este hecho?
Familiares y amigos que extrañamos a Andrés porque ya se fue a vivir a España, “corriéndole” a las nocividades de una contaminación que va más allá de los cielos y suelos envenenados por la polución y por la corrupción, respectivamente.
Luengas barbas y babas del diablo, plagan el ambiente político que hace presa de informados e ignorantes; de inconformes y conformistas; de modernos y trogloditas; de mundeados y aldeanos; de profesionales e improvisados; de periodistas de a deveras y farsantes que se autonombran "analistas" político-sociales; de activistas y ambientalistas reales y otros de pacotilla que se reproducen como larvas en celo en chats y redes.



