¿Les platico? ¡Arre!
La escena es irresistible: Andrés de pie frente al "Jardín de las Delicias" en el Museo Del Prado, quitándose los tenis, y un guardia llamándole la atención por semejante afrenta.
Ese es Andrés Meza, pintado de pies a cabeza: desafiante, cuestionante, irreverente, sin pudor y revestido de un candor revestido del fulgor que da la edad, enriquecida por el ardor de experiencias que rebasan una vida y tocan las puertas de la muerte.
Apenas llega a Madrid y suelta las maletas en su piso del barrio de Salamanca para irse directo a ver la obra de Hieronymus Bosch que inspira -y trastorna, por qué no- la vida de millones desde que fue creada por el neerlandés entre los años 1490 y 1500.
Un día me dijo que le gustan sus amigos mundeados. Él mismo lo es.
Recorremos buena parte de su vida en el primer libro de su autoría. Libro, sí, porque ha escrito miles de artículos publicados por todas partes.
Es su "ópera prima"; inexplicable que sea la primera, porque tiene vida para haber escrito el primer libro desde hace muchos años.
Llega ahora y lo presenta de manera íntima, rodeado de amigos y gente que conocemos sus multifacetas en el mundo actual de la comunicación, tan diferente al que él estudió en las primeras escuelas de la especialidad en éstas bárbaras tierras del norte.
La cita es hoy jueves 26 a las 7 de la tarde en la Casa Universitaria del Libro de la UANL.
¡Vamos! para abrazar y dejarnos abrazar por el autor y la dinámica que tendrá lugar entre él, Judith Grace González, Eloy Garza, Francisco de Luna y éste, su irreverente servidor.
Aikir, como decía Germán Dehesa y además, aikileer, como nos anima a hacerlo Edui Tijerina-Chapa, en su feedback sobre la obra. Abro comillas:
"La novela se mueve desde una voz madura, con densidad poética, con atmósferas envolventes de principio a fin.
La prosa es elaborada, sí, pero a la vez sensible y consistente, con una combinación bien balanceada entre el uso del lenguaje y el planteamiento de los estados emocionales, sin caer en el efectismo.
El lenguaje elevado y culto permite avanzar la narrativa con claridad, generando imágenes mentales vívidas que nos llevan casi de la mano a las atmósferas predominantes, como la museística mística, la doméstica opresiva y la onírica.
Mención aparte la forma en la que lleva las figuras literarias.
Sin caer en el halago fácil, porque sería faltar a tu confianza, digo con total franqueza que leerte siempre ha sido un disfrute, pero, ahora, esta novela nos lleva al siguiente nivel.
Quizás, en algunos pasajes, la densidad lírica podría beneficiarse con la consideración de pequeñas pausas.
Dosificar ciertas imágenes permitiría que otras respiren y brillen más. En ocasiones, encontramos que, efectivamente, menos intensidad produce mayor impacto.
El uso del tríptico de Bosch como recurso simbólico es, en sí, el cimiento de la arquitectura conceptual de la obra. Justamente, a partir de esta variable y sin exageración, los personajes se balancean entre el dolor y la dignidad."


